La moral del Corresponsal o como equivocar el sentido de rotación de la tierra

México, 24 de septiembre.- En verdad que abochorna mirar el video donde dos periodistas se reúnen con La Tuta para conversar largamente sobre temas de imagen y comunicación. Da una pena inmensa observar como un delincuente, tan mugroso e insignificante, les avienta literalmente unos cuantos billetes que no son ni propina para una prostituta.

Se vendieron por menos de treinta monedas.

Ser corresponsal de Televisa es algo importante en provincia.  Tiene un espacio privilegiado para realizar tu trabajo y conlleva la magnificación nacional de tus notas informativas, meta para cualquier reportero.  Eliseo Caballero tenía, además, una agencia informativa que lo colocaba en una situación de gran ventaja.

Por esto, por su agencia, fue el conducto de otro periodista de MundoFox para hacer una entrevista con el criminal más buscado.

¿Qué motivo pudo tener para esta relación tan corrupta e incómoda, que además le redituó los billetes que le aventaron, o sea unas migajas, centavitos?

Dice Eliseo Caballero que acudió a reunirse con La Tuta por miedo, sin embargo lo que observamos en el vídeo es una conversación muy afable, junto con su colaborador, otro periodista empinado en este absurdo de inmoralidades.

Es obvio que La Tuta grabó todos sus encuentros con políticos y protagonistas de la vida pública de Michoacán para después, como lo está haciendo, exhibirlos.  Al hacerlo demuestra, contra los usos y costumbres de otros líderes criminales, que no guarda ninguna lealtad para quienes “pretendieron” servirle.  Porque Caballero lo que hace, repetidamente, durante este encuentro es “venderle” sus servicios como publirrelacionista, como asesor de comunicación.

Es obvio que en Michoacán no existe una línea divisoria clara entre los criminales y los ciudadanos, que el poder que había venido ostentando La Tuta, y la impunidad que acompañó sus crímenes, permitió que muchos pensaran que ser aliado de éste era lo conveniente.

Lo que puede entenderse en políticos locales sin ninguna visión del mundo, sin ninguna educación, sin ninguna formación ética… pero nunca en un periodista que se ha erigido a sí mismo en un testigo de la realidad y cuya cultura, a fuerza, es mucho más amplia.

Eliseo Caballero equivocó el sentido de rotación de la tierra, así de obvio y grande es su error.  Que ya comenzó a pagar con el inmediato deslinde que hizo Televisa, y obviamente con su despido.  Arruinó, para siempre, su trabajo, su futuro, su nombre.

A cambio de la ignominia de dos o tres mil pesos que recibió frente a la cámara de vídeo.

La reflexión obligada es el papel que tienen los periodistas en regiones del país asoladas por la violencia y donde los criminales han tenido espacio propicio para desenvolverse. ¿Están obligados a la denuncia, a la crítica, a los señalamientos sobre la actividad criminal de estos?  Mi opinión es que sí. Y que si no están dispuestos a pagar el precio, a vivir con el peligro, a todo aquello que significa el riesgo inherente a la publicar la verdad, que dejen el oficio y que se cambien de Ciudad, incluso de nombre.

El primer compromiso del periodista es, tiene que ser con la verdad.

Quienes así lo asumen pueden no dormir en paz, pueden tener que caminar mirando hacia atrás, o incluso pueden terminar muertos por las balas de quienes critican, pero esa es la esencia del oficio del periodista.  No bolear los zapatos de un criminal ni endulzarle el oído.

De la publicitación del vídeo, que para algunos analistas como Ricardo Alemán no debió darse para no servir a los intereses de un criminal como La Tuta, hay algunos que salieron ganando: Joaquín López Doriga en el excepcional comunicado que además de anunciar el despido, la intervención de la PGR, certifica que nunca fue corrompido el sentido editorial de la información.  Y, también, mi entrañable Ciro Gómez Leyva que recibe tantos insultos de La Tuta que debe sentirse muy orgulloso.

Es cuestión de elegir de qué lado de la historia quieres estar, a quién quieres representar, a qué pretendes comunicar.  Elegir entre la mierda o la verdad.  Elegir entre la decencia o la corrupción.  Para un periodista se trata, pues, de entender que “la moral” no es un árbol que da moras.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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