Fin a donativos provenientes de criminales

México, 14 de agosto.- Motivo suficiente para que sus inmediatos antecesores, panistas que proclamaron la necesidad de estos cambios para mayor lujo, se retuerzan de envidia, el presidente Peña Nieto llegó a proclamar las reformas más significativas de nuestra historia contemporánea, sin que se incendiaran las plazas públicas del país, sin protestas que paralizaran la normalidad.

Lo imposible, la hazaña que hubiesen querido lograr hace cuatro o nueve años, es una realidad a tambor batiente.  Con un costo de popularidad presidencial que todavía hay tiempo para enmendar.

En verdad, una lección política excepcional.

Tal vez por eso, porque venían encarrilados con el éxito de los cambios en Pemex y en la concepción atávica de la propiedad del petróleo mexicano, se anunciaron medidas en contra de los intereses de las Iglesias, de los cultos religiosos que son en sí mismas una gran bola de peligro político.  A quienes pueden influir desde los altares a millones de connacionales se les pega donde más les duele: En el bolsillo.

Y, sobre todo, en la impunidad consentida del manejo de los recursos que reciben.

Aquí hablamos de los donantes, también.  O sea, para ser claros, de los jefes de los cárteles de la droga, de los sicarios, de los secuestradores, de los asesinos por quienes se ofrecen recompensas, que suelen alivianar sus conciencias regalando millones de pesos a sus Iglesias.

Recordemos a muchos obispos.  A quienes en su día fueron, educamente, llamados a declarar sobre sus relaciones “criminales”. Y callaron tantos bautizos, tantos entierros, tanto conocimiento.

¿De qué manera van a justificar la edificación de Iglesias, de seminarios, de sus costumbres de vida, que incluyen esas residencias, esos automóviles de lujo que el Papa Francisco fustiga? 

El que los ministros de culto, las Iglesias tengan que pagar impuestos como el resto de los mortales que padecemos el yugo súper eficiente de la Secretaría de Hacienda, significa también un control sobre estas relaciones peligrosas que se habían vuelto costumbre tolerada por la autoridad.

Quienes, empresarios respetables, suelen donar millones de pesos a la Iglesia, sobre todo la Católica, no tendrán problema alguno.  Al contrario, podrán hacer más claros estos donativos y deducirlos de sus impuestos.  Ellos están fuera de la controversia.  Las familias que acuden a sus iglesias para realizar cultos como bautizos o bodas, podrán a su vez deducir de sus gastos los elevadísimos precios que pagan por esas “fiestas”, por la celebración de misas que deberían ser totalmente gratuitas.

Y aquí, en nuestro país, hablamos de ingresos con muchos ceros por ese concepto.

¿Se quedará callada la elite de poder de nuestra Iglesia?  Lo cierto, al menos a mí me parece que esto explica la presencia de Luis Videgaray en el viaje presidencial al Vaticano, es que el Papa Francisco, verdadero jerarca, debe estar enterado y de acuerdo con estas sanas medidas.

Iguales ante la ley, iguales en la oportunidad de ejercer derechos sociales, los sacerdotes no tienen por qué vivir en un apartado “legal” donde no se cumplen con obligaciones perentorias como pagar impuestos.

¿Qué respuesta habrá?  El poder de los cultos religiosos, de sus ministros, es muy grande.  Lo sabe Andrés Manuel López Obrador que se negó a implementar reformas en ese sentido durante su administración y fue un sumiso seguidor de las políticas, hablamos de aborto por ejemplo, impuestas por los obispos.

Por lo pronto a Luis Videgaray le habrá de corresponder pagar un precio muy alto.  Lo bueno es que, por lo pronto, no quiere postularse ni siquiera a regidor de su pueblo.

La fortaleza, la capacidad de amarrar negociaciones antes de promulgar cambios tan significativos como éste, van a ponerse a prueba.  Es más fácil ignorar los manotazos de Andrés Manuel López Obrador que recibir una andanada de señalamientos en todas las catedrales y capillas del país.  Y no solamente en las católicas, no debemos dejar de lado los enojos con otras siglas de culto.  

Y siempre habrá elecciones, a no olvidar.

El anuncio está hecho.  Los cambios que incluyen facturas electrónicas, que son la parte medular del control hacendario sobre los individuos, entrarán en vigor el próximo enero.  Hay tiempo para ajustes, pero sobre todo para demostrar que existe una verdadera división entre el poder legítimo del Gobierno y el poder que sigue sustentando la jerarquía católica.  Respeto que garantiza la Constitución… para lo que se ofrezca.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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