Golpe a instalaciones estratégicas

CFE. Foto: EspecialFue un episodio de “terrorismo selectivo” mediante una operación coordinada que hizo explotar bombas caseras contra 18 estaciones generadoras de luz eléctrica y cuatro gasolineras. No hubo heridos pero los daños se contabilizaron por el impacto mediático y la sicosis que generó en la población después de que 14 municipios michoacanos se quedaron sin suministro de energía durante varios días. Fue la escalada del crimen organizado más “aparatosa” de los últimos años en lo que se consideró, un abierto desafío a la autoridad civil y al ejército. Mientras tanto, la población civil padece las consecuencias de la falta de seguridad.

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México, 4 de noviembre.- Las alertas se sucedieron una a otra por espacio de tres minutos durante la madrugada del domingo 27 de octubre. Primero fueron un par de explosiones en dos gasolineras de Morelia, y después varios estallidos en 10 estaciones de luz eléctrica de la Comisión Federal de Electricidad en municipios cercanos a la capital michoacana. Al poco rato otras ocho plantas generadores de energía estaban en llamas pero ahora en la región de la Tierra Caliente, mientras tanto dos gasolineras más habían sido objeto de explosiones.

Fue una operación coordinada de sabotaje que dejó sin energía eléctrica a 14 municipios, de acuerdo al primer reporte de las autoridades estatales. En una de las gasolineras, localizada frente al estadio Morelos en la capital del estado, el ejército encontró una caja con bombas caseras sin utilizar y propaganda alusiva al grupo de la delincuencia organizada autodenominado Caballeros Templarios, se informó durante la mañana del lunes. Los municipios afectados fueron Apatzingán, Hidalgo, Sahuayo, Zacapu, Uruapan, Paracho, La Piedad, Zamora, Jacona, Álvaro Obregón, Maravatío, Zitácuaro, Tarímbaro y Morelia. También dos subestaciones más fueron incendiadas, una conocida como Apatzingán y la otra como Valle Verde, ambas ubicadas en éste municipio de la  Tierra Caliente.

Este episodio de acuerdo al manual de guerra irregular del ejército mexicano, encuadraría en la categoría de terrorismo. “Terrorismo es el conjunto de actividades violentas, dirigidas a persona y a instalaciones públicas o privadas con propósitos de producir temor, alarma o pánico colectivos en la población, perturbando la paz pública (…)”. “Existen actividades terroristas realizadas con diversos fines entre otros tenemos los políticos, económicos e ideológicos y los desarrollados por grupos gangsteriles”, señala el documento.

La madrugada del domingo 27 de octubre Michoacán fue escenario de uno de los ataques con bombas caseras más efectivos contra instalaciones estratégicas en los últimos años. Se suscitó horas después de que grupos de autodefensas entraran a Apatzingán, la ciudad más importante de la región de la Tierra Caliente, y considerada bastión de los Caballeros Templarios. La serie de atentados que se registraron durante la noche de ese sábado y madrugada del domingo, se dijo que fueron en reacción a la protección que el ejército y la policía federal brindaron a los grupos ciudadanos identificados con los autodefensas. Esa tarde se manifestaron en la plaza de Apatzingán como paso previo a la creación del primer cuerpo de autodefensa en el municipio.

Pese a que las alertas en las unidades del ejército, la policía federal y la marina estaban decretadas, el ‘golpe’ a instalaciones de gasolina y energía eléctrica exhibió la falta de seguridad que hasta ese momento existía en lugares como éstos. Según el manual de guerra irregular consultado, “el objeto principal del terrorismo es crear un ambiente de inquietud e inseguridad, por medio de la realización de actos violentos contra una persona, grupo, organización, autoridad, etc. Generalmente para garantizar la consecución de un plan subversivo determinado”.

Más tropas a Tierra Caliente

Transcurridas los primeros días tras los atentados, más de 72 horas después de que se pudo restablecer el suministro de energía eléctrica, soldados y elementos de la policía federal ya habían desplegado un dispositivo de seguridad en las plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Tuvo que pasar casi una semana de la marcha de grupos de autodefensa en Apatzingán contra la delincuencia organizada, y los atentados a las plantas generadoras de energía eléctrica, para que el ejército reforzara su presencia en la zona. La mañana del pasado sábado 2 de noviembre, una caravana de vehículos de transporte de tropas, hummer artillados, carros blindados, ambulancias y vehículos de suministro de pertrechos,  comenzaron a salir de las instalaciones de la 21 zona militar en Morelia. La caravana se sumó a una larga fila de vehículos del ejército que llegaron durante la madrugada y que esperaban para formar un contingente de más de un kilómetro de longitud, según reportes de prensa local, el cual se dirigió por carretera hacia la región de la Tierra Caliente.

El convoy enfiló rumbo a Patzcuaro, siguieron en dirección a Nueva Italia y llegó a Apatzingán. En la sede de la 43 zona militar hubo un repuesto y otro contingente salió en dirección al puerto de Lázaro Cárdenas. Según reportes de la prensa local, eran unos camiones mercedes benz donde las tropas del ejército llevaban víveres, cobijas, colchones y otros objetos de uso diario. Fuentes militares señalaron que el equipo forma parte de los pertrechos que utilizaran durante la campaña militar que iniciará esta semana como parte del plan de seguridad ciudadana en esta región del estado.

Han sido días difíciles, explicó, después de los ataques contra las plantas de la Comisión Federal de Electricidad, y las explosiones e incendios en las gasolineras, han venido quemas de vehículos de empresas dedicadas al reparto de agua, refrescos y diversos productos. Sigue la psicosis en la ciudadanía, pero se espera que con el reforzamiento de la presencia militar poco a poco ésta disminuya.

El primer reporte señaló que son cerca de cinco mil efectivos, entre tropas de infantería, caballería, sanidad y diversos servicios, los que llegaron a Michoacán. El objetivo de inicio es devolver la tranquilidad mediante patrullajes continuos en las zonas más conflictivas, también se reforzará el dispositivo de seguridad para vigilar los movimientos de los personajes vinculados a los grupos delictivos que permanecen en la región. Se trata de que no cometan más actos violentos, tenerlos bajo control y tender puentes con la ciudadanía para obtener información, dijo una fuente militar.

Aunque oficialmente no se dio a conocer el reforzamiento de las tropas en la región, las imágenes en Internet y los reportes de la prensa local, registraron el arribo de los soldados y los vehículos, varios de ellos tuvieron que ser colocados a las afueras de la sede de la 43 zona militar en virtud de que el espacio resultó insuficiente.

Crece la escasez

—Existen pistas, evidencias que se han sumado en estos días sobre los responsables de los ataques registrados en el estado de Michoacán—dijo el pasado fin de semana el titular de la Procuraduría General de la República, Jesús Murillo Karam, en una entrevista con varios medios nacionales al finalizar la segunda sesión ordinara de la conferencia de procuración de justicia de la zona sureste del país.

Para el funcionario la violencia que tiene paralizado a buena parte del territorio michoacano se debe a que la entidad se ha “estado rescatando” de la delincuencia organizada. “Se había perdido, incluso el control territorial y nosotros ya lo rescatamos. Eso puede verlo cualquiera que llegue a Michoacán”, aseguró.

Los dichos del procurador se toparon con la realidad que denunció en estos últimos días el obispo de Apatzingán, Miguel Patiño Velázquez. El prelado aseguró que la escasez de alimentos de agudiza a la par del combustible y los víveres más indispensables, como el agua. Sobre todo en las poblaciones que han sufrido bloqueos por carretera, como Tepalcatepec, Buenavista, la Ruana y Aguililla.

Más que un despliegue de fuerza para contener el embate de la delincuencia organizada, el jerarca católico hizo un llamado a que las autoridades auxilien también lo más pronto posible a la población que permanece “bloqueada”. Hay escasez de tortillas, de comestibles, no dejan pasar a los camiones repartidores y quienes lo hacen es bajo su propio riego, indicó.  En las últimas semanas el obispo ha levantado la voz en varias ocasiones, el 17 de octubre aseguró que crecen las versiones de que el gobierno del estado “está al servicio del narco”, y apenas hace pocos días manifestó que Michoacán era un “estado fallido”.

Juan Veledíaz

@veledíaz424

Estado Mayor

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