El difícil homenaje

Enrique Peña Nieto. Foto: EspecialMéxico, 25 de septiembre.- Los antecedentes eran densos.  En todo sentido.

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No obstante lo difícil del momento, el Presidente Enrique Peña Nieto encontró la tesitura perfecta. En lo personal, en lo emotivo, en lo institucional.

Y el homenaje a los policías muertos en el accidente del helicóptero de la Policía Federal cumplió, de sobra, todas las expectativas. Incluyendo la ya familiar presencia del convidado de piedra de este sexenio, el General Salvador Cienfuegos.

Estuvieron presentes los ataúdes, las banderas, la solemnidad, los familiares, lo institucional.

Lo que más me gustó fue el minuto de aplausos, estilo personal, y la forma en que Peña Nieto se salió del discurso escrito para improvisar su dolor contenido, para hablar de los hijos, de las familias que ya había recibido en privado.

En todo momento fue el Presidente de la República.

Habíamos vivido con el entonces Presidente Calderón otro tipo de expresiones, infinitamente emotivas, muy cercanas a la visión personal que tuvo primero como Jefe de las Fuerzas Armadas y después en lo humano, en el dolor personal que le ganó fuerza a la dimensión de la banda presidencial.

Primero fue aquel homenaje a militares víctimas del crimen organizado en que el General Galván Galván lloró.  Luego la puesta en escena tremenda, desgarradora, por el accidente aéreo en que murió Juan Camilo Mouriño en que fueron muy injustos con José Luis Santiago Vasconcelos.

En ambos eventos le ganó lo individual, lo humano, lo que Felipe Calderón vivía y sentía. Para mal de la institución presidencial.

Peña Nieto ha estado en las giras por las inundaciones con el agua muy arriba de sus rodillas, ha estado como mandatario y como político en el tono bajo, cercano a la gente, casi de campaña por el tono humano.

Encabezar un homenaje a los muertos, suyos de él, responsabilidad de él, que cumplían sus órdenes, que siguieron sus objetivos de proteger a las miles de personas que los gobernadores, los presidentes municipales no supieron sacar a tiempo, advertir, cuidar, era una prueba tremenda.

Tenía que convencer. Que ser formal. Que darle la solemnidad entristecida al evento.

Lo logró. Como dijo en su improvisación, dentro de un discurso muy bien cuidado, esta mañana en que les rindieron honores a los caídos será muy importante en la memoria de los hijos hoy huérfanos.

El Presidente Peña va entendiendo la dimensión.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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