La guerra contra la delincuencia organizada en México y la violencia en Perú 1980-2000: demasiadas coincidencias para estar tranquilos

“Pero, ¡¿eso pasó en nuestro país?!” preguntaba la adolescente en pants de secundaria frente a la fotografía de un grupo momentos antes de ser ejecutados. Era la cuarta sala de la exposición en el Museo de la Nación, “Yuyanapaq” (En quechua significa “para recordar”). Frente a las imágenes de la irracionalidad de la violencia, resonaba el eco de mi querido México y nuestra realidad

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Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

En palabras de Mario Vargas Llosa: “hay que recordar que, entre 1980 y 2000, el Perú padeció una guerra revolucionaria desatada por Sendero Luminoso cuyo salvajismo terrorista provocó una respuesta militar de una desmesura también vertiginosa. Cerca de 70 mil peruanos, la mayoría eran humildes campesinos de los Andes y habitantes de los pueblos más pobres y marginales del país, murieron en ese cataclismo… el gobierno democrático nombró una Comisión de la Verdad y la Reconciliación para investigar la magnitud de esta tragedia social… la comisión elaboró un documentado estudio de esos años sangrientos y un cuidadoso análisis de las causas, consecuencias y el saldo en vidas humanas, destrucción de bienes públicos y privados, torturas, secuestros, desaparición de personas y de aldeas de la violencia de esos años…. muestra en fotos, películas, cuadros sin-ópticos y testimonios diversos la ferocidad demencial con que los terroristas de Sendero Luminoso y del MRTA (Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), y, también, comandos de las Fuerzas Especiales y grupos de aniquilamiento —como el tristemente célebre grupo Colina— sembraron el horror segando decenas de millares de vidas humanas inocentes y la impotencia y desesperación de los sectores más humildes y desamparados del país ante ese vendaval que se abatió sobre ellos desencadenado por el fanatismo ideológico y el desprecio generalizado de la moral y de la ley.”

Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

La muestra es conmovedora. Las fotografías de universalidad única. El dolor, referente humano, como todo conflicto armado escapado de la razón, las víctimas son los civiles y los sectores desprotegidos: atrapados entre bandos armados. Desplazados, levantados, ejecutados…. “¿cómo crees que eso es Perú?”, suena otra voz adolescente mientras posteaba en su celular…

 

Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

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Obligación de educación la visita a esta exposición. Los jóvenes peruanos poco contacto con ésta, la anterior, Realidad. Nacieron al final de los veinte años de conflicto. Los mayores, ni cinco años cumplieron cuando los noticieros del mundo se llenaron de las imágenes de Fujimori recorriendo las escenas del fallido rescate de la embajada japonesa de Lima. Hoy, Lima es una de las capitales con mayor vigor en Latinoamérica, goza de una pujante economía y el retorno de varios emigrantes peruanos revitalizando todos los sectores, símil a otras naciones como Colombia. Restaurantes de primera (reconocidos con estrellas michelin), autobuses de doble piso con camas, edecanes y red inalámbrica; surfeadores que comparten horizonte con parapentistas con patinadores en medios tubos dominado el suelo. Y acceso gratuito a internet en el 80% de las áreas públicas de la ciudad así como casi todos los bares, restaurantes y tiendas de la ciudad. Esta generación que viste moda peruana, escucha híbridos de folklor andino con rock, está a generaciones del conflicto armado 1980-2000.

 

El retorno a la Patria va de la mano con la necesidad de la comprensión de quién se es y quién se será: el legado histórico.

 

Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

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Las madres de los desaparecidos formaron agrupaciones para exigir el retorno de sus familiares. Los campesinos fueron desplazados. Pueblos y comunidades fantasmas habitan los espacios donde antes habían campesinos activos. Calles sin dueño ni ley dominadas por el miedo. Ciudades sitiadas por el terror y explosiones. Periodistas atemorizados, ejecutados. Un pueblo sin estado de derecho ni paz. Y de pronto, el letrero de la fotografía me regresa a “Perú”. No, no se trata del oriente de México ni del occidente ni del norte ni del sur. Es Perú y los años fueron 1980 al 2000.

 

Soy un convencido que el mayor error de la guerra contra la delincuencia organizada ha sido la insistencia de NO declarar el estado de excepción. En la práctica, México lleva más de seis años en una guerra civil, en un Estado ausente de derecho, de garantías individuales, de un status quo impuesto por los jefes criminales. “Bailas a lo que bailo, opinas lo que opino, me das a tu chica…”, ¿hay algo más cercano al autoritarismo de facto? En un “estado de excepción”, las garantías y derechos individuales se pierden ya que el Estado no los puede proveer. La Ley es respaldada por las armas que funcionan como garantes de la seguridad y cotidianidad. Los civiles actúan acorde. De saber que la Ley es inexistente, NADIE en el país se pasaría un retén. NADIE se sorprendería de ser levantado en un bar ilegal… NADIE apoyaría comprando cervezas en expendios ilícitos. Todos saldríamos de un bar en el noreste al primer acorde de “El sinaloense”. Todos viajaríamos en caravana por estados como Michoacán, Jalisco, Durango, Zacatecas, Coahuila, Sonora, Baja California, Chihuahua, Nuevo león, San Luis Potosí, Querétaro, Morelos… y los demás estados de la Federación.

Foto Muestra Yuyanapaq Museo de la Nación Perú

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Entonces…. ¿qué nos aleja /diferencia de vivir en un “estado de excepción”? La declaración oficial. La voluntad de “Razones de Estado” y geopolítica sobre el bienestar de los civiles. Los símiles asustan, el espejo lejos de la tercera persona. En 20 años tendré que explicarle a mi hija por qué íbamos al parque con armas largas y blindadas, por qué la guerra y la violencia es la peor pesadilla para un sociedad, por qué #sermexicano es tener memoria y anhelo de reconciliar… que “tlalnamikilistli” y “kahatsa’” significan recuerdo en náhuatl y maya; y que hubo la necesidad de crear una otra “Comisión para la verdad y reconciliación”.

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