Un general en Tierra Caliente

Gral. García Aragón. Foto: Estado MayorMichoacán es el estado de la república donde en este momento el ejército concentra el mayor número de tropas que no pertenecen a las dos zona militares en que está dividida la entidad. Con una operación en marcha en la Tierra Caliente, a cargo del general Sergio Arturo García Aragón, la población pide resultados contra la ola de extorsiones, asesinatos y amenazas de la delincuencia organizada, que tienen sumida en la zozobra a la región abandonada por las autoridades civiles. 

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México, 1 de junio.- —Estoy aquí como garantía hasta que regresen sus compañeros—, decía el general de brigada Sergio Arturo García Aragón, comandante de las tropas del ejército que desde el pasado domingo 19 de mayo entraron a la zona de la Tierra Caliente michoacana. Sus palabras quedaron grabadas en video y audio ante un reducido grupo de reporteros que la tarde del miércoles 22 —horas después de que sus hombres detuvieran a cuatro jóvenes que se identificaron como miembros de la policía comunitaria de Buenavista Tomatlán—, lo  cuestionaban detrás de una reja del palacio municipal de éste poblado sobre si permanecía allí en calidad de retenido por la población, que en ese momento clamaban porque liberaran a los jóvenes detenidos.

El general García Aragón lo negó. Rodeado de una veintena de soldados dijo, dirigiéndose a la población que a gritos pedía que entregaran sus armas, que su permanencia en ese lugar era una señal de que los muchachos que habían sido puestos a disposición ante las autoridades judiciales, por portar armas de uso exclusivo del ejército, volverían esa misma tarde a la comunidad. Serio, en ocasiones con una sonrisa sarcástica dibujada en el rostro cuando un individuo encapuchado exigía que las tropas dejaran sus armas, el militar sabía a lo que se enfrentaba desde que al mando de un convoy de unidades del ejército salió de las instalaciones de la 43 zona militar en Apatzingán para dirigirse a esta región.

El lunes 20 de mayo al entrar por la carretera rumbo a la comunidad, docenas de pobladores rodearon el convoy, y a gritos reclamaron por qué el ejército había tardado tanto en actuar. Fue el debut en el conflicto del general García Aragón, quien llegó directamente de la ciudad de México por órdenes de la secretaría de la Defensa Nacional con un primer objetivo: desarmar a la población que forma parte de la llamada policía comunitaria. Y ese fue el primer amago, la gente se negó a entregar sus armas mientras no se les garantizara que regresaría la paz al municipio, y que cesarían las extorsiones de los autodenominados Caballeros Templarios.

—No podemos andar todos armados como en el viejo oeste, así no se resuelven las cosas—decía el general en voz alta a la población, de pie, trepado en el cofre de uno de los vehículos castrenses donde viajaba aquel lunes. Ese día la gente estaba enardecida, bloqueaba la carretera al paso del convoy castrense y varios de ellos reclamaban su tardanza para detener a los jefes de los llamados Caballeros Templarios, Servando Gómez Martínez, conocido como “la Tuta”, Nazario Moreno González apodado “el Chayo” y Dionosio Loya Plancarte, alias “el Tío”.

Ese reclamo era un aviso de lo que vendría un par de días después, cuando el ejército detuvo a los cuatro jóvenes de la policía comunitaria de Buenavista. El miércoles 22 de mayo se vivieron las horas más tensas entre los soldados desplegados en la región de la Tierra Caliente michoacana, y buena parte de los pobladores de este municipio que se concentró en la plaza central de la comunidad.

Cuando el general preguntó quién era el líder o quien estaba al mando de los inconformes. Un encapuchado dijo que podría entenderse con él. García Aragón le comunicó que la orden que traían era que deberían de entregar las armas, todos quienes conforman la policía comunitaria. Que el ejército se haría cargo de la vigilancia y les garantizaba que no habría problemas. Se enfrascaron en una discusión y en un momento determinado, el militar ofreció a comunicarlo con el secretario de la Defensa Nacional, con quien tenía comunicación directa, para que se convenciera de cuáles eran las indicaciones que traían. No hubo necesidad, el reclamo fue que liberaran a los jóvenes y no habría mayor contratiempo. Pasaron las horas y ya con las sombras nocturnas se anunció por un altavoz que los jóvenes ya estaban en Buenavista. Fue entonces cuando se abrieron las rejas y los militares salieron del inmueble donde esperaron se concretara lo acordado.

Una fuente militar señaló que se buscó siempre negociar, conciliar y nunca confrontarse con la población. La idea central era que los pobladores poco a poco recuperen la confianza en las fuerzas de seguridad, que se reactive la economía, y que todos los habitantes de la región tengan la seguridad de que se va a actuar contra las organizaciones de tráfico de drogas y los grupos que han hecho de la extorsión de comerciantes, prestadores de servicios y empleados públicos, un modelo para medrar contra la sociedad.

Lo que ocurrió ese miércoles, explicó al día siguiente a la prensa local el líder de la policía comunitaria Hipólito Mora, es que los militares que llegaron desconocían la zona, y había unos “chamacos” de la organización que portaban armas de las que se había acordado que ya no se iban a traer. El dirigente consideró que la desconfianza de los pobladores de Buenavista hacia el ejército es “razonable porque después tantos años” tuvieron en el abandono al lugar. “Tantos años que nos dejaron solos y tuvimos que hacer un trabajo que les corresponde a ellos. Perdimos muchas vidas y la gente culpa al gobierno por todo lo que está pasando”, dijo.

El despliegue militar, añadió, fue bien recibido en Coalcomán, Tepalcatepec y Carrillo Puerto, poblado conocido como la Ruana, salvo lo que llamó ese “detallito” ocurrido en Buenavista. Por lo demás, la policía comunitaria estará coordinada con el ejército y en poco tiempo la situación será mucho mejor. Reiteró que los comunitarios entregaron su tarea a los soldados y que decidieron en varias comunidades guardar sus armas y en otras, entregarlas. Fue una decisión de cada poblado.

 

De Veracruz a Michoacán

En el año 2007 el general García Aragón era el comandante de la 26 zona militar en el Lencero, Veracruz, cuando un hecho sentó en el banquillo de los acusados a tropas que dependían del cuartel bajo su mando. Por aquellos días de febrero se acusó a un pelotón de soldados de haber ultrajado hasta causarle la muerte a la indígena de 72 años Ernestina Ascencio. El clamor ciudadano en el estado, como en buena parte del país,  era que se sancionara penalmente a los responsables y se castigara la falta de orden y disciplina en los soldados.

García Aragón, reacio a los medios de comunicación, se vio envuelto de pronto en un conflicto donde la imagen del ejército quedó en entredicho, y donde hubo una fuerte controversia generada por el dictamen de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el cual afirmó que la anciana no había sido violada por los soldados.

Ante la ola de reclamos y cuestionamientos al ejército, el general García Aragón ordenó que se retiraran los campamentos militares aledaños al poblado de Soledad Atzompa, en la sierra de Zongolica, donde habían ocurrido los hechos. Por el caso se detuvo a cuatro soldados a quienes se les investigó en el fuero militar sobre el homicidio de la mujer. Del desenlace del juicio, la secretaría de la Defensa nunca informó del caso.

Ascendido a general de brigada en 2004, García Aragón se vio de pronto detenido en sus promociones. Con nueve años en ese rango, se aproxima su edad de retiro, y para algunos de sus colegas su irrupción al frente de las tropas que llegaron a la Tierra Caliente de Michoacán tiene que ver con sus dotes para la negociación.

No dejó de llamar la atención en el medio castrense que fuera el general García Aragón, por órdenes directas del secretario de la Defensa Nacional, quien se encargara de las operaciones en ese lugar y no el comandante de la 43 zona militar, con sede en Apatzingán, el también general de brigada Miguel Ángel Patiño Canchola.

Lo que quedó en evidencia en esta primera semana de la operación, señalan las fuentes consultadas, es que la información con la que llegó García Aragón al terreno era escasa, de mala calidad, y sin idea de cómo explotar la que iba obteniendo.

El contingente del ejército, policía federal y marinos —que suman poco más de dos mil efectivos—que patrullan la región de Apatzingán, Coalcomán, Buenavista y Tepalcatepec, es apoyada por personal de la secretaría de política social del estado, quienes realizarán una serie de programas sociales para lo que se dijo será una “estrategia para recuperar el tejido social”. La secretaría de la Defensa participa también con brigadas de salud, dentistas y médicos militares, con la idea de apoyar en esta primera etapa a la población con atenciones y servicios gratuitos.

 

El fracaso militar en seguridad pública

Había que sacarlos después de 10 años que se posesionaron de la economía, de las vidas, de la tranquilidad de Tepalcatepec, dice Manuel Mireles, un hombre delgado de cabello cano, quien se identificó como presidente de la asociación de padres de familia de Tepalcatepec y miembro del comité de la policía comunitaria del municipio.

“Como no van a querer entrar (los miembros de la delincuencia organizada) si de aquí sacaban más de 30 millones de pesos al mes. Nada más de las extorsiones de los carniceros, de los ganaderos y de los tortilleros. Ahora imagínese a toda la gente que le tenían cuotas de 10, 20 mil pesos mensuales, o los que ya iban a ponerle a nuestros estudiantes desde el kínder a la preparatoria, tenían que pagar 20 pesos a la semana”.

La debacle en los cuerpos de seguridad y en su gente que la integraban, comenzó cuando los primeros que se “levantaron”  fueron muchachos que pertenecían a la policía municipal de Tepalcatepec. Estaban cansados de estar sometidos a extorsiones, vejaciones y todo tipo de artimañas por parte de sus jefes coludidos con el crimen organizado. Del estado o del gobierno federal, nunca recibieron apoyo y así se gestaron varios grupos de autodefensa, recuerda.

Se hicieron llamados a cada uno de los ocho secretarios de seguridad pública que han ocupado el cargo desde el año 2004, cuando se creó como tal esa dependencia, pero nunca hubo respuesta. El último de ellos fue el coronel de caballería Leopoldo Hernández Bedoy, quien nunca le interesó la región y ni siquiera se sabe que haya visitado el poblado, añade.

El coronel Hernández Bedoy, quien estuvo cerca de dos meses y medio como secretario de seguridad pública, está considerado como el funcionario “menos capaz” de todos los que han llegado a la dependencia, según lo calificaron en varias ocasiones los mismos funcionarios del gobierno del estado, encabezados por el mandatario interino Jesús Reyna García, con quien el militar chocó en varias ocasiones.

Hernández Bedoy sustituyó en marzo pasado a Elías Álvarez Hernández, quien inició con la gestión del gobernador Fausto Vallejo Figueroa, quien solicitó licencia hace unos meses por motivos de salud y quien apenas en febrero pasado cumplió su primer año como mandatario.

Michoacán es el único estado del país donde un mayor número de militares se han hecho cargo de labores de seguridad pública en menos tiempo. Cuatro en ocho años. En el año 2004 cuando adquirió rango de secretaría, el primer titular fue Gabriel Mendoza Jiménez, un civil que tuvo que renunciar al cargo en abril del 2006 tras los hechos de violencia que se registraron en el violento desalojo en la siderúrgica Lázaro Cárdenas donde murieron dos mineros. Lo sustituyó el general Gonzalo Adalid Mier, quien solo estuvo medio año al frente de la dependencia ya que tuvo que separarse del cargo en noviembre, luego de un motín de reos en el penal de Morelia, donde murieron cuatro defensores de oficio y un reo.

Asumió el cargo el ex diputado local del sol azteca Jorge Adolfo Reza Maqueo, quien estuvo dos años, en febrero del 2008 fue sustituido por su ex compañera de banca en el congreso del estado, Citlali Fernández González. Vino otra mujer, la también ex legisladora Minerva Bautista Gómez, tercer civil en dos años, quien estuvo durante el primero de los cuatro años de gobierno del perredista Leonel Godoy.

En agosto del 2010 Bautista fue víctima de un atentado a tiros cuando asistió a la inauguración de la expo feria ganadera de Michoacán. La funcionaria salió ilesa y días después presentó su renuncia.

Su cargo fue ocupado en el verano del 2010 por el general de división retirado Manuel García Ruíz, antiguo comandante de la doceava región militar hasta un par de años antes, que comprende los estados de Guanajuato, Querétaro y Michoacán, y quien se encontró con una secretaría infestada de corrupción. No pasó mucho tiempo para que el militar fuera separado del cargo, apenas un año estuvo al frente de la dependencia, acusado por el gobierno del estado de “nepotismo” y de malos manejos de recursos de la dependencia.

En ese 2011 la situación estaba al borde del colapso ante la inseguridad en varios municipios del estado. Su relevo fue el abogado especialista en criminalística Elías Álvarez Hernández, quien terminó por darle la picota al gobierno del perredista Leonel Godoy en materia de combate al crimen, pues a éste fenómeno se le empezaron a sumar los grupos de autodefensa ciudadana, como ocurrió en Cherán, donde los pobladores se armaron contra los narcos y talamontes.

Su gestión fue vista como un fracaso ante el imparable incremento de la incidencia delictiva, entonces regresaron los militares con el coronel Hernández Bedoy quien había ascendido a ese rango en noviembre pasado. Dejó la secretaría de seguridad dos meses y medio después para ser sustituido por el general Alberto Reyes Vaca, también ascendido apenas el año pasado, quien a diferencia de sus antecesores viene con la anuencia y el apoyo directo del secretario de la Defensa, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, y quien cuenta no solo con el respaldo de los dos comandantes militares en el estado, el de la 21 zona en Morelia, y la 43 en Apatzingán, sino que un general de brigada, como el general García Aragón, está al frente de las operaciones de desarme en  la Tierra Caliente. En Morelia se dice que habrá que esperar unos meses para que los resultados, comiencen a aparecer.

Juan Veledíaz

@velediaz424

Estado Mayor

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  4 en “Un general en Tierra Caliente

  1. Avatar
    Juan Ramon Aguilar Ramirez
    02 de junio del 2013 en 18:10

    Felicitaciones por el nombramiento del C. General Sergio Garcia Aragon excelente militar estricto, talentoso y humano, se le debe apoyar y asesorar en todo lo necesario para estabilizar la vida diaria
    de Tierra Caliente, que siempre a sido una area muy conflictiva, en hora buena.

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