Generales

México, 28 de Abril (La Razón).- PRIMER TIEMPO: Y sin embargo se mueve. La infantería va al ataque político, con una bocanada de oxígeno que esta semana, ya casi de salida de México como embajador de Francia, Daniel Parfait le dio al general Moisés García Ochoa. Parfait condecoró al general García Ochoa con la Orden Nacional al Mérito que creó el presidente Charles de Gaulle en 1963, que se le otorga a quienes destacan por su trabajo militar o civil. García Ochoa recibió la condecoración en la misma Secretaría de la Defensa, para que el general secretario Guillermo Galván, pudiera estar presente. Galván proviene de la rama de Infantería del Ejército, como García Ochoa, quien es el único fuerte candidato para el cargo en el próximo gobierno, que no proviene de Caballería. García Ochoa ha tenido una carrera rápida y muy ligada al poder en Lomas de Sotelo. Fue ascendido a general por el general Enrique Cervantes, secretario de la Defensa en el gobierno de Ernesto Zedillo, y fue secretario particular del siguiente, Clemente Vega. No tenía posibilidades, porque no era general de división hasta el año pasado, de aspirar el cargo en 2006, y todo indicaba que su estrella se apagaba cuando lo enviaron a la Dirección General de Administración de la Secretaría de la Defensa. García Ochoa nunca dejó de moverse. Publicó un libro sobre seguridad nacional —él dirigió el Centro de Inteligencia Antinarcóticos del Ejército­—, y ha desarrollado ensayos sobre la materia y la amenaza del narcotráfico. Discreto en público, ha trabajado bien los pasillos de la Defensa Nacional. El reconocimiento francés del general fue importante, aunque más la señal del general secretario Galván, de haberlo acompañado al momento de la condecoración. En las Fuerzas Armadas, los símbolos suelen gritar sonoramente.

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- SEGUNDO TIEMPO: Lo sacaron de la jugada, y lo metieron. Por edad, uno de los principales aspirantes al cargo de próximo secretario de la Defensa, pasó a retiro. No hubo concesiones, como se han llegado a dar, ni privilegio alguno. Al general Roberto Miranda, que ocupaba el estratégico puesto —por el manejo de dinero— de Oficial Mayor de la Secretaría de la Defensa, le dijeron ya llegó a la edad límite y, muchas gracias, pero se tiene que ir. Miranda era parte de la trinca en la Defensa Nacional, que incluye a los generales Carlos Demetrio Gaytán, subsecretario de la Defensa, y Luis Arturo Oliver Cen, jefe del Estado Mayor de la Defensa Nacional. Los tres vienen de la rama de Caballería, y se habían enfrentado al general secretario, Guillermo Galván, que es de Infantería, en algunos temas de seguridad nacional. El retiro del general Miranda fracturó a la triada, y aunque se le evaporaron sus posibilidades de ser secretario, no así su futuro. Rápidamente se incorporó al equipo del candidato presidencial Enrique Peña Nieto, donde es su asesor en temas de seguridad nacional. El general entró por la puerta grande, de la mano del empresario y proveedor del Ejército Jaime Camil, muy cercano a Peña Nieto y al ex presidente Ernesto Zedillo, a quien conoció cuando, en aquel gobierno, era jefe del Estado Mayor Presidencial. También tiene la mano de Liébano Sáenz, que trabaja desde hace seis años con el mexiquense y que fue secretario particular del ex Presidente. El general retirado no podrá llegar a la cabeza de la Secretaría de la Defensa, en caso de que Peña Nieto ganara la Presidencia, pero por su experiencia, bien podría aterrizar en el Cisen o, inclusive, en la Secretaría de Seguridad Pública Federal. Esto, claro, es futurismo. La realidad es que ya está incrustado en la campaña presidencial.

- TERCER TIEMPO: El general que hablaba con los malos. Leyenda negra de los cuerpos de seguridad mexicanos, con una larga vida transexenal, el general Mario Arturo Acosta Chaparro cumplió este viernes una semana de haber sido asépticamente ejecutado. Esto es: de dos tiros a la cabeza por una persona que fue pagada para hacer el trabajo. Nadie más de los presentes, sufrió heridas siquiera. ¿Quién es el autor material? No se tiene idea aún, y menos aun quién el intelectual. El modus operandi, que pudiera estirarse hasta hacer un trabajo encomendado por el narcotráfico, tiene otras lecturas. Apenas en septiembre, un viejo amigo de él, Javier García Morales, —herencia de la estrecha amistad con su padre Javier García Paniagua, y nieto de un secretario de la Defensa—, fue asesinado en forma igualmente aséptica en Guadalajara, cuando iba a entrar a una cafetería, de cuatro tiros a la cabeza. Nadie más resultó herido. Los dos controvertidos personajes, acusados y exonerados de vínculos con el narcotráfico, tuvieron una muerte similar. Ninguno tenía protección especial pese a su largo y controvertido pasado. Los dos siempre estaban muy echados para adelante. Los dos pertenecían a una escuela policial-militar decadente pero que fue muy poderosa y generó muchos enemigos. Venganza es una de las hipótesis que se manejan en las estructuras del poder al cual sirvieron, el PRI. Lo que tampoco saben es porqué, y de parte de quién. El misterio difícilmente se resolverá.

Raymundo Riva Palacios

Opinión

La Razón


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