Guerrero: un teatro de operaciones en jaque

General de división Genaro Fausto Lozano Espinosa. Foto: EspecialMéxico, 21 de enero.- En esta en entidad conviven algunos de los rasgos más explosivos para la seguridad interior del país: grupos de autodefensa formados por pobladores armados en municipios de la costa hartos de la delincuencia organizada, siete organizaciones criminales que se disputan ciudades como Acapulco y las rutas que comunican con estados vecinos así como una alta densidad de plantíos de enervantes, son parte del contexto en que se dio el relevo del comandante de la novena región militar. 

Anuncios

Fue una declaración que dejó en silencio al auditorio de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Esa mañana de marzo pasado, la voz del general de división Genaro Fausto Lozano Espinosa se escuchó en tono pausado  cuando comenzó a detallar, ante alumnos de la facultad de derecho, los por qué de la presencia militar en las calles. Hubo un momento hace unos años, decía el militar, que gran parte de los dos mil 500 municipios del país, estaban presos de la delincuencia organizada y muchos alcaldes no podían ejercer su función. Esa fue una de las razones por las cuales el ejército tuvo que salir de los cuarteles, la beligerancia que mostraban las organizaciones de tráfico de drogas que disputaban rutas y ciudades, se mostró superior a policías municipales y estatales.  Las fuerzas armadas quedaban como el único cuerpo del Estado capaz de hacer frente a la amenaza que eso representaba para la seguridad interior, explicó el entonces comandante de la quinta región militar que abarca los estados de Jalisco, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas y Colima.

Su comparecencia resultó algo inusitado, se comentó en aquel momento, las crónicas del día siguiente en la prensa zacatecana hacían hincapié en que el mensaje era a título personal, no una posición oficial de la secretaría de la Defensa Nacional, y eran resultado de su experiencia castrense. Por el tono pareció que el mensaje no provenía de ese tipo de militar hermético, sino de un general de tres estrellas que con sus dichos buscaba acercarse un poco más a la población civil. Y aportó detalles, datos y alguna que otra revelación. Aceptó que en los últimos meses del gobierno de Felipe Calderón, toda la zona serrana del pacifico, de Sonora a Chiapas, estaba llena de cultivos de droga, lo que involucraba a cientos de miles de personas en la siembra y cosecha. De muchos años atrás esto ya había generado una dinámica económica, social y cultural, que se había transformado en un modo de vida. En la actualidad, aseguró, el principal problema del país es “el narcomenudeo”, el consumo de drogas que ha crecido y que se ha metido a las casas sin que la población en general se haya dado cuenta.

Lozano manifestó en aquella ocasión que una gran parte de presidentes municipales eran extorsionados, incluso para que entregaran a las mafias recursos del erario público, lo que los colocaba en situación de no poder ejercer la función para la que fueron electos. Y al no poder realizar su mandato constitucional, añadía, no existía la gobernabilidad. “Y cuando la gente votó por alguien que no puede ejercer su función ¿en donde queda la democracia? No es válida, porque tenemos un poder fáctico que está usurpando el mandato popular, la soberanía nacional”.

Había un dato que en ese momento era difícil que alguien conociera del currículum del general Lozano, y que de tiempo atrás redituó en su experiencia para desenvolverse con soltura ante aquel auditorio compuesto en su mayoría por jóvenes. En 1989 fue subjefe de organización y relaciones públicas de la sección segunda (S-2), inteligencia militar, en el estado mayor de la Defensa. Y en los años previos había sido profesor de materias como guerra irregular, legislación militar, organización y empleo de las armas y servicios en la escuela militar de enfermería. Tenía el perfil de un oficial que podía ser claro en sus exposiciones y ganarse la simpatía de su audiencia.

Entre el narco y la guerrilla

El general Lozano Espinosa comenzó su carrera militar en 1969 cuando ingresó al Colegio Militar, en 1973 se graduó como subteniente y fue enviado al 51 batallón de infantería donde estuvo por espacio de un año. Al poco tiempo sus superiores lo comisionaron al Cuerpo de Guardias Presidenciales, en 1976 ingresó al Estado Mayor Presidencial donde se desempeñó por espacio de cuatro años como parte de la guardia personal del entonces presidente José López Portillo. De su hoja de servicios resalta que en los primeros años de la década de los ochenta, estuvo en la Escuela Superior de Guerra donde se graduó como oficial de Estado Mayor, pocos tiempo después fue agregado militar en la Embajada de México en Roma, Italia.

En 1994, año del levantamiento armado en Chiapas, ya estaba de regreso a México y había sido nombrado comandante del sexto batallón de infantería con el que se desplazó a Sinaloa, para tomar parte en la llamada Fuerza de Tarea Marte, que era como se le conocía a la campaña militar que se desarrollaba entonces contra los plantíos de enervantes en la sierra. Al año siguiente al frente de su unidad fue enviado a Chiapas para sumarse a la Fuerza de Tarea Arcoíris, en la zona del conflicto armado, dentro del llamado “agrupamiento Galindo”, que con cuerpos como éste fue como el alto mando militar organizó el despliegue de soldados en territorio donde operaba el EZLN.

Migración de la delincuencia

Hace algunos meses, tiempo después de aquella charla en la Universidad Autónoma de Zacatecas, el general Lozano Espinosa visitó Tepic, en los días en que los choques de la delincuencia organizada tenían atemorizada a la población de la capital nayarita. En el mismo tono que utilizó ante la comunidad estudiantil, habló para un canal local de televisión sobre su percepción en torno a la coyuntura de seguridad del país.

Desde su perspectiva consideró que el fenómeno de la delincuencia había evolucionando en los últimos seis años, pues se volvió migratorio. “De pronto está en un estado con mucha intensidad y de pronto llega a otro”. El general no solo sabía lo que decía, sino dónde lo decía. De visita a la sede de la 13 zona militar, que abarca Nayarit, uno de los cinco estados que comprende la quinta región militar que entonces estaba bajo su mando, puntualizó que dentro de esa jurisdicción cada zona tenía sus peculiaridades. En principio Guadalajara era  considerado el segundo centro urbano más importante del país, y los estados circunvecinos formaban el teatro de operaciones donde el problema se dividía en dos: la lucha por los territorios entre tres cárteles, el de Sinaloa, los hermanos Beltrán Leyva y los Zetas; mientras por el otro lado estaba el crecimiento desmedido del narcomenudeo.

Llamó la atención sobre el manejo que algunos medios habían hecho del fenómeno de la violencia, aunque reconoció la existencia de un grave problema de inseguridad focalizado en zonas y regiones específicas del país. Decía que la prudencia en el manejo de la información, con la responsabilidad que implicaba ser comunicador en una sociedad democrática, exigía poner las cosas en su contexto, no especular “pues la especulación es muy grave para cualquier sociedad”.

Nuevo teatro de operaciones
Hace unos días, a principios de enero, el general Lozano Espinosa dejó el occidente del país para convertirse en el nuevo comandante de la novena región militar que abarca el estado de Guerrero. Algunos de sus contemporáneos dentro del ejército vieron con buenos ojos el nombramiento, no solo por la apertura que mostró ante los medios y la sociedad en sus últimas encomiendas, sino porque llegó a un teatro de operaciones donde al factor narcotráfico y guerrilla se le ha sumado en últimas fechas el hartazgo social, traducido en lo que la prensa calificó como “grupos de autodefensa”.

No había tomado conocimiento pleno de la situación en el terreno cuando los reportes que llegaron a la comandancia en Cumbres de Llano Largo, sede de la novena región en Acapulco, referían que en varias poblaciones como Ayutla, Tecoanapa y Olinalá, gran parte de la población se había armado por su cuenta para defenderse de los embates de la delincuencia organizada. Estos municipios localizados en la Costa Chica de Guerrero, colindante con Oaxaca, se encuentran en la jurisdicción del batallón 48 de infantería localizado en la población de Cruz Grande, unidad que de acuerdo a reportes del gobierno del estado, ha resultado “insuficiente” para cubrir la geografía donde se ha presentado el problema.

El problema no era nuevo, durante 2012 otras poblaciones ubicadas en la llamada Montaña de Guerrero se habían “rebelado” contra la delincuencia organizada ante la complicidad que habían mostrado sus autoridades, como fue el caso de Huamuxtitlán en la parte geográfica que colinda con Puebla y Oaxaca, donde desconocieron a la administración de la presidencia municipal para asumir las riendas de la comunidad.

De acuerdo a reportes de inteligencia militar, el estado de Guerrero se lo disputan siete grupos delictivos vinculados al tráfico de drogas encabezados por la Familia Michoacana, el autodenominado Guerreros Unidos, Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), Caballeros Templarios, los Zetas, los Beltrán Leyva y el grupo conocido como la Barredora. Cada uno ha tejido alianzas bajo dos grandes organizaciones, por un lado el cartel de Sinaloa, que junto a sus aliados Templarios y Familia pelean el puerto de Acapulco, considerado la “joya de la corona”, y los Zetas, que están aliados con la Barredora y los Beltrán Leyva. Mientras Guerreros Unidos pelearía por el corredor que va de éste centro turístico a Cuernavaca.

El pasado 14 de enero se informó que una compañía de soldados, integrada por 350 elementos del 13 batallón de infantería que se encontraban en Chiapas, fueron trasladados a Acapulco para reforzar las operaciones en la parte serrana donde se localiza una alta densidad de plantíos de enervantes. Tan solo durante el año 2012, en el mes de febrero considerado el de la cosecha de goma de opio en los plantíos de amapola, alrededor de 800 efectivos pertenecientes a dos batallones que se encontraban en Chiapas, fueron llevados a la sierra de Guerrero para realizar tareas de destrucción de plantíos ilícitos. El despliegue de refuerzos se hizo en virtud de que las tropas han resultado insuficientes para cubrir la demanda de seguridad que existe en las regiones de las costas, tanto al sur en la ruta que comunica con Oaxaca, como al norte que enlaza con Michoacán, así como la sierra de Filo Mayor, la Montaña y la Tierra Caliente.

Ante este escenario el gobernador del estado Ángel Aguirre Rivero, anunció que será el ejército al mando del general Lozano Espinosa, quienes coordinaran todas las operaciones de seguridad pública en la entidad debido a que las policías no están certificadas. Una realidad que los pobladores de Ayutla y Tecoanapa se encargaron de exhibir, luego de que formaron los llamados “cuerpos de autodefensa” ante la complicidad de las corporaciones municipales y estatales con el crimen organizado.

Juan Veledíaz

Estado Mayor

 

Anuncios

  4 en “Guerrero: un teatro de operaciones en jaque

  1. Avatar
    Carpio Godinez
    21 de enero del 2013 en 21:13

    El general en cuestión fue Jefe de Estado Mayor en la citada Región. Su conocimiento y experiencia del problema socio-cultural del estado lo colocaron como el candidato natural para esa encomienda. El presidente tuvo un acierto muy grande al nombrarlo ya que sus resultados como comandante de la 4 y 15 zonas militares así como de la 5 Región son históricos. Su acercamiento a la sociedad y sobretodo a los jóvenes como lo citas, fue muy bien recibido cuando visitó las universidades de Colima, Zacatecas, Aguascalientes, Nayarit y la UdeG. Excelente y muy bien documentada tu nota. Enhorabuena.

Deja un comentario