Regresó la paz al Ejército

México, 7 de enero (Impacto).- Alguna ocasión, Julio Camelo, el civil que mejor conoce a los generales y almirantes, me dijo que el general Salvador Cienfuegos es un caballero. Entonces me permití ponerlo en duda porque circulaban versiones preocupantes sobre su comportamiento como comandante de región militar y de zona en la guerra contra el crimen organizado y sobre su manejo, desde la Oficialía Mayor de la Sedena, en la lucha campal por suceder al general Guillermo Galván.

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Eran tiempos en los que desde la Subsecretaría de la Defensa difundían historias contra los competidores de Demetrio Gaytán Ochoa.

No parecía el más recomendable para ocupar la oficina de general secretario, pero al final se impuso el conocimiento personal que sobre su trayectoria tiene el Presidente Peña Nieto (existe la versión de que los une el compadrazgo), contra lo que no privó, ni siquiera, el informe de Andrés Antonius Gómez, el hombre de Luis Videgaray que investigó a 20 generales y 12 almirantes.

Cuando todo mundo esperaba una purga tempranera en los mandos de la Sedena, el general Cienfuegos ha sorprendido, incluso, a sus propios subordinados con la distribución de funciones primordiales entre algunos de sus principales competidores. Por ejemplo, el ex inspector general del Ejército, Marco Antonio González Barra, ocupa, ya, el llamado ISSSTE de las Fuerzas Armadas, posición que alguna vez fue del general Tomás Ángeles, que de aspirante a general secretario terminó en una celda por sus supuestos vínculos con el crimen organizado. Y todo gracias a Gaytán Ochoa.

El general Moisés García Ochoa, unos de los más combatidos por los aspirantes a comandar al Ejército, tendrá a su cargo la XI Zona Militar, que comprende los estados de Chihuahua y Coahuila. Le toca nada más y nada menos que dos de las zonas más conflictivas del país: Ciudad Juárez y La Laguna, por decir algo.

García Ochoa, que encabezaba la Dirección de Administración y fue el más combatido de los aspirantes, fue presentado en algunos medios como adquirente, para su uso, de equipo de espionaje por valor de algo así como 5 mil millones de pesos, pero también como quien, por decisión propia, compró el avión presidencial que usará Peña Nieto.

Cualquiera medianamente informado sabe que la compra del equipo de espionaje sólo puede ser ordenada por el secretario de la Defensa, y que es usado por el Estado Mayor de la dependencia, que entonces encabezaba Oliver Cen. En cuanto al avión, su adquisición sólo pudo ser ordenada por Felipe Calderón, que, por cierto, no lo usará.

Peña Nieto no cayó en la trampa tendida por su antecesor, que, fuera de protocolo, ascendió a divisionario a Alfonso Duarte Mojica, el general que se atrevió a regañar en público al secretario general de Gobierno de Baja California y a disponer la intromisión de soldados, sin orden de cateo, en los domicilios de Jorge Hank Rhon y la hermana del presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Raúl Plascencia. Si un militar con tendencias golpistas existe en México, ese es Duarte Mojica, ligado, indisolublemente, a Gaytán Ochoa.

Los ascensos en el último minuto son vistos no con sospecha en el medio castrense. Duarte Mojica es percibido como un postrer intento de Calderón por mantener su personal concepto en la lucha contra el crimen organizado.

Pero Vidal Soberón Sáenz fue ascendido a almirante el 20 de noviembre, apenas 30 días antes de su designación como secretario de Marina. Su incursión en las grandes ligas está inscrita en el supuesto abatimiento de Heriberto Lazcano, el sanguinario líder y fundador de los “Zetas” ligado, presuntamente, a algunos funcionarios de alto nivel.

Las circunstancias de su muerte, la desaparición del cadáver y la apresurada decisión del entonces subprocurador Cuitláhuac Salinas de tomar muestras de ADN de los restos de su padre para corroborar si el abatido por infantes de Marina, en efecto, era “El Lazca”, dan pie a la sospecha de que se trató de una puesta en escena digna de las que hicieron famoso a Genaro García Luna.

Los expertos no logran explicarse cómo fue que un reducido grupo de marinos logró penetrar los círculos de seguridad de un líder sanguinario y precavido como Lazcano. No obstante, la operación, atribuida al equipo de inteligencia de la Armada, sólo pudo ser supervisada por el entonces secretario particular del almirante Francisco Saynez, Soberón Sáenz, quien era el encargado de esa área.

Pero quizás el mayor riesgo eludido por el Presidente ocurrió al desechar al general Demetrio Gaytán Ochoa, que con base en la gran amistad que le profesaba su jefe aprovechó la delegación de funciones para manejar la secretaría a su antojo, mientras Galván Galván se sumergía en la felicidad del amor.

A él se deben sandeces como la versión de que si no era el elegido habría una fractura entre los divisionarios, pero también las campañas de prensa contra sus competidores.

El general Cienfuegos inició de la mejor manera su gestión, pero aún le falta demostrar que no fue uno de los proyectos de Gaytán Ochoa, como se dice en el Ejército.

Juan Bustillos

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  3 en “Regresó la paz al Ejército

  1. Avatar
    Jorge
    07 de enero del 2013 en 21:35

    Los atrtículos y las palabras hay que tomarlas de quien vienen, no mas comentarios.

  2. Avatar
    Alejandro Rodriguez Herrera
    07 de enero del 2013 en 15:56

    Respecto al comentario que mal se hace del General Cienfuegos como proyecto del General Gaytan Ochoa, se me hace oportuno aclarar que ambos militares son excelentes y perfectos caballeros de ello doy fe..Y que ni uno es proyecto del otro como el otro no lo es del uno, ambos tienen trayectoria propia con gran luz y en ningún momento existió esa rivalidad o competencia de la que se habla en éste artículo.Todo General de División en el Activo y algunos en situación de retiro pretenden genuinamente prenderse la 4 estrella,, sin embargo no entran en competencia o descalificación entre ellos para lograrlo, porque saben que esa descisión es única y exclusiva del Presidente de la República. Como seres humanos desean comandar a esas tropas en las cuales por mas de 40 años han pertenecido y servido, pero a diferencia del medio civil ellos “los generales de división” no se valen de golpes bajos o sucios puesto que tienen un común denominador que en el Heroico Colegio Militar abrevaron..El Honor, la Lealtad y el Patriotismo..Carlos Demetrio y Salvador se conocen desde su infancia, continuaron en el Colegio Militar y durante mas de 45 años han sido amigos, compañeros y hermanos y así seguirán siendo..Pueden estar seguros que el Señor Secretario hará lo que sabe hacer..Comandar a las tropas Leales y Servir a México esa es su vocación y el Director del Banco del Ejército hará lo mismo desde esa otra trinchera…porque son soldados, porque aman a México y saben de corresponder a nuestro canto patrio….Un soldado en cada hijo te dió…

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