El principal acusado del asesinato de Moreira había sido corrido por los mandos militares en Acuña. Lo reinstaló el Presidente Municipal

México, 7 de octubre (Redacción).- El General Ayala Tinoco pidió hace más de tres años despedir al noventa por ciento de la Policía Municipal por no ser apta.

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A su vez la comandancia de la Guarnición Militar alertó por su complicidad con los Zetas.

En Ciudad Acuña se dan cita los peores vicios de las policías municipales de todo el país: Complicidad abierta con los criminales y omisión de las autoridades locales, a la vez que indiferencia de las militares.

Rodolfo Castillo Montes, que se desempeñaba como subdirector de dicha policía era hace casi cinco años, a la llegada del general Ubaldo Ayala Tinoco, un funcionario administrativo cuya incapacidad y corrupción provocaron que fuese uno de los primeros en ser “despedido”.

Esto fue a principios del 2009 como parte del “Modelo Coahuila”.

Como razones administrativas, no se quería pagar su indemnización, evitaron que fuese dado de baja siguió en algún escritorio del Ayuntamiento.

El general Ayala Tinoco sometió a exámenes a sus elementos, ciento ochenta entre operativos y administrativos, y para asombro de todos más del noventa por ciento reprobaron.

No era en ese tiempo obligación aprobar dichos exámenes para acceder al dinero federal, Subsemun, así que el tristemente famoso Javier Villarreal como titular de Hacienda decidió que no podíamos permitirnos el “gasto” de su despido.  Así que siguieron laborando como si nada.

En Ciudad Acuña se dieron casos terriblemente sintomáticos de la falta de recursos para las policías municipales, como la detención de un elemento de la policía municipal que cruzó a Del Río a comprar cartuchos para poder cumplir con las pruebas de la SSP federal.  Ni siquiera había suficientes balas.

A su vez el general Ayala Tinoco recibió la información del comandante de la Guarnición Militar de que toda la policía estaba al servicio de los Zetas.

Sin mayores elementos probatorios o la voluntad de investigar, no se diga de una detención federal.

Lo que es común escuchar en reuniones de seguridad donde todos los jefes militares, federales y estatales suelen comentar con algo parecido a la frivolidad que tienen conocimiento de actos criminales o complicidades en las policías locales como si fuese algo anecdótico. O, en su lugar, suelen decir que no cuentan con recursos para investigar… o todavía peor que si los detuviesen, los jueces tardarían minutos en dejarlos en libertad así que para qué…

El general Ayala Tinoco sufrió un infarto durante su desempeño como director de la Policía Municipal y para estar más cerca de un hospital de primer nivel  lo trasladamos a Saltillo, en su lugar enviamos al coronel Salvador Méndez Cachiú.

Otra vez amenazas e intentos de corromperlo con mujeres, apenas recursos para capacitación, poco avance en la limpia de la policía porque el Presidente Municipal se negaba al despido de los elementos corruptos por no tener recursos para su indemnización.

Se les dotó de un reglamento, se hicieron cursos de capacitación, se les proporcionaron chalecos, armamento, uniformes. Solamente eso.

En la rotación de mandos del inicio del 2010 se envió a Ciudad Acuña al general Negrete que había sido maestro de casi todos los jefes militares comisionados ahí.  Hasta mi salida de esa entidad la información que tuve, y a su vez hice saber a quien correspondía, era que estaba siendo amenazado por los Zetas, a la vez que había recibido ofertas de dinero.

Hasta que el gobernador Rubén Moreira ordenó la salida de todos los jefes militares que habían permanecido en Coahuila, el ahora presunto responsable del asesinato de su sobrino José Eduardo, el subdirector operativo con quien se reunió, Rodolfo Castillo Montes no había regresado a la policía municipal.

Nuevos exámenes de confianza a dicha policía tienen que haber demostrado su incapacidad, en el caso de Castillo Montes incluso física, para desempeñarse como “policías”.

Una y otra vez, en todos los foros, he repetido que en cada secuestro, “levantón” y asesinato que padecemos en el país existe complicidad de la policía municipal.

Aquí, tristemente, se demostró no sólo que esto es verdad sino que la omisión, la complacencia intencional de las autoridades estatales, propició no solamente dicha complicidad sino la participación abierta de los policías municipales.

No pueden llamarse a engaño.

Hace varios años sabían que en Ciudad Acuña la policía estaba al servicio de los Zetas, era corrupta y no tenía capacidad profesional alguna.  ¿Por qué no quisieron cambiarla? ¿De quién es la responsabilidad?

Y, una vez más, interesadamente debo preguntar qué ganaron con quitar a todos los jefes militares en funciones de seguridad pública que evitaron, en su tiempo, el caos y la violencia que ahora imperan…

 

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