José Eduardo Moreira

México, 5 de octubre (La Razón).-Con solidaridad para Humberto

José Eduardo Moreira Rodríguez era un buen tipo, trabajador e inteligente. Tenía 25 años y un hijo pequeño producto de su matrimonio con Lucero Davis Molina. Quienes lo conocieron señalan que contaba con don de gentes y que tenía una intuición parecida a la de su padre Humberto Moreira Valdés, ex gobernador de Coahuila y ex líder nacional del PRI.

Lo traté en un par de ocasiones y siempre me pareció un joven bastante centrado, preocupado por la política y la gente. Su muerte, como cualquiera en esas condiciones, conmueve y agravia.

Inquieta, además, porque Moreira Rodríguez era funcionario público y sobrino del gobernador del estado, Rubén Moreira.

Moreira Rodríguez fungía como coordinador de los programas sociales del gobierno del estado en Ciudad Acuña y por la mañana del miércoles participó en la entrega de apoyos del programa Arma tu Techo acompañando al alcalde Alberto Aguirre Villarreal.

Sus responsabilidades, hay que decirlo, nada tenían que ver con temas de seguridad y mucho menos de combate a la delincuencia, que hoy por hoy son las más delicadas y sobre todo en un punto fronterizo con Estados Unidos y en una situación como la que impera en la región.

¿Quiénes lo mataron? Por el modus operandi, la ejecución a balazos y el cadáver abandonado junto a su camioneta en un paraje, tiene la huella del crimen organizado.

¿Por qué lo mataron? Quizá por una suerte de venganza contra el gobernador actual, quien está empeñado en una guerra frontal con los grupos criminales, o por un agravio pendiente con el ex gobernador, quien a pesar de la propaganda y las tonterías que suelen decirse, no sólo combatió a los delincuentes, sino que lo hizo bien y creando la Fiscalía Estatal, la que contaba con autonomía.

También podría ser un error o una confusión, o una suerte de represalia por la captura o muerte de algún bandido, como se maneja en fuentes policiales.

Las hipótesis puede ser más, pero no hay que perder de vista lo más importante: lo ruin y cobarde del asesinato y que éste se da en un contexto de descomposición e impunidad. Se mata porque se puede matar.

¿Qué hay que hacer? En primer lugar, y de modo urgente, dar con el paradero de los asesinos para que sean castigados, pero también el reflexionar sobre lo que no está funcionando en la política de seguridad.

Es evidente, por ejemplo, que Moreira Rodríguez debió contar con una sólida protección policial, ya que eventualmente podría estar en riesgo, como ocurrió.

Las tareas de inteligencia consisten en evaluar ese tipo de escenarios y probabilidades.

También sería importante el recordar a Moreira Rodríguez como un servidor público cargado de proyectos y mandar la señal de que en este país no estamos condenados a la desgracia.

Moreira Rodríguez, después de todo, tenía un compromiso honesto con el servicio público.

Su muerte tiene un elevado impacto y ello debe hacernos no olvidar a las miles y miles de víctimas de la violencia.

Julian Andrade

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