El turno de “Mamá Rosa” y los huevos podridos contra Murillo

México, 18 de julio.- Lo único incontrovertible es que en Michoacán el Estado, es decir, sociedad y Gobierno, fueron omisos por muchísimo tiempo. Y a este Gobierno le ha tocado asumir consecuencias.

Da igual si hablamos de “autodefensas” que de un albergue para desamparados, lo que el Gobierno hizo fue abdicar de sus obligaciones y lo que la sociedad respondió fue un desastre, desde todos los puntos de vista, sobre todo legales.

Y hoy toca bailar con la más fea. Limpiar el desastre. Y no hay impunidad en esto. Porque a final de cuentas lo que se está reclamando es que se castigue a la respuesta, ilegal, torpe, estúpida, propiciadora de crímenes, y no a la causa. Que no está sino en la falta de gobierno local por muchos años, al menos clarísimo el sexenio pasado y el presente.

Un refugio para niños y jóvenes que una anciana administra como Dios le da a entender termina convertido en un horror tipo “Poquianchis” porque el Estado, otra vez sociedad y gobierno, no cuenta con las instituciones para proteger integralmente a estos grupos 

marginados.

Se habla de que “Mamá Rosa” castigaba brutalmente a los niños ahí internados, que comían basura, que sus condiciones de sobrevivencias eran infames. Y yo le creo, lo conozco hace todos los años del mundo y metería mis manos al fuego por él, al procurador Jesús Murillo.

¿Cómo pudo pasar esto?

El artículo de Lydia Cacho, ella misma vinculada con la protección a mujeres golpeadas, es muy esclarecedor: Se trata de una anciana que no necesariamente tiene capacidad para enterarse qué hacen sus colaboradores.

Murillo Karam, contra su costumbre, dio ya dos conferencias de prensa para tratar de comunicar la realidad del abuso que sufrieron los niños y jóvenes en esas instalaciones, la “Mamá Rosa” está siendo “interrogada” por el Ministerio Público como corresponde. Pero lo que no se dice es que detrás de esto, como también del surgimiento de las “autodefensas” están gobiernos estatales y municipales, incluso federales a juzgar por las fotografías y “defensas” públicas, que en lugar de hacer su trabajo con los niños abandonados jugaban a darle apoyo.

¿Qué infierno había dentro de las instalaciones del albergue michoacano? Los testimonios hablan de encarcelamiento en sitios muy reducidos, de golpes y de abusos sexuales repetidos. Eso tuvo que pasar bajo el consentimiento o la nulidad para darse cuenta, de la directora “Mamá Rosa”.

¿Por qué no hubo supervisión o seguimiento a las quejas? Porque no existe verdadero interés oficial hacía los marginados, hacía los parias, hacía los que no tienen nada que perder.

Los gobiernos estatales no propician instituciones que vean por los niños maltratados o abandonados por sus familias de manera integral porque dejan eso en manos de las “esposas”, de las instituciones de asistencia social que sirven como membrete y entretenimiento social más allá de su eficiencia. No es gratuito que los señores Vicente y Martita Fox salgan a la defensa de la directora de este albergue.

¿Por qué no hubo nunca supervisión oficial? ¿Cuántos albergues privados u oficiales están en estas mismas condiciones?

En Michoacán junto al excesivo protagonismo político de Alfredo Castillo pervive la decisión presidencial de hacer un cambio. Y eso se traduce en remover, literalmente, la mierda bajo las piedras. Tal vez el operativo policiaco para entrar a ese albergue fue excesivo, seguramente habrá muchos niños que hayan encontrado un sitio más seguro en esas paredes que en las calles, habrá quienes los protegieron generosamente en medio del horror cotidiano, lo cierto es que era un desastre. Como mucho, en verdad mucho más en Michoacán.

Todo ese miasma que se vino arrastrando en años recientes tendrá que limpiarse; los abusos, la pesadilla no están contenidas en las paredes de un refugio para niños y adolescentes. Al contrario son cotidianidad en Michoacán y en muchos otros sitios del país. Poner orden, regresar al mandato legal, proteger a la sociedad es una tarea inconmensurable y tiene costos, esto lo sabe perfectamente Jesús Murillo Karam que le entra a las expediciones más “peliagudas” sin parpadear, sabedor de que le habrán de tirar huevos podridos…

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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