Renuncian general Villa y general Arellano Noblecía

México, 9 de junio.- El sexenio pasado gobernadores y presidentes municipales acudieron a la oficina del titular de la Defensa Nacional con la petición de que les “nombrase” a jefes militares retirados para ocupar las posiciones de seguridad pública. Otros iban con el titular de la Secretaría de Marina, los menos, para los mismos propósitos. Como si la sola aparición del uniforme castrense fuese antídoto para los problemas de violencia e inseguridad.

En este sexenio se han cambiado los roles de las fuerzas armadas y se han establecido mecanismos institucionales de coordinación totalmente inéditos. Ante los conflictos violentos los gobernadores, y los presidentes municipales, acuden a la oficina del titular de Gobernación para que haga llegar sus peticiones de “auxilio” al primer mandatario.

Los jefes militares que fueron nombrados por el general Galván, para efectos prácticos él los escogía e incluso les ordenaba formalmente “aceptar” el puesto civil, comenzaron este sexenio con malos augurios. Los pocos que quedaban “renunciaron” a sus puestos la semana pasada.

En Quintana Roo el general Bibiano Villa terminó un ciclo de poco más de tres años llenos de críticas e incidentes igualmente violentos o chuscos. En lo que fue la Secretaría de Seguridad Pública, hoy bajo el mando de Monte Alejandro Rubido, salió el general Francisco Arellano Noblecía, que tiene en su currículo haber tomado la Ciudad Universitaria hace varios años, de la dirección de Reclusorios Federales.

¿Es un fracaso para los militares? Me parece que es una lección. Porque los militares están preparados para ser eso, justamente, militares. Es una formación compleja, muy dura, muy intensa, que lleva muchos años y que condiciona su modo de pensar y de reaccionar ante la realidad, incluso marca su forma de convivir socialmente.

Modo de ser que está, por razones obvias, peleado con la actividad policiaca. Son dos mentalidades muy diferentes. Tal vez el profesional que cuenta con menores flexibilidades para entender la actividad de las policías sea, precisamente, el militar.

Existen militares con vocación policiaca. Son los menos. Uno de ellos, compadre del actual titular de la Sedena, acaba de morir: el general Ubaldo Ayala Tinoco. La diferencia es que él estuvo gran parte de su vida profesional en mandos policiacos, y a su fallecimiento estaba en el ámbito de seguridad de Pemex.

Ni Villa ni Arellano Noblecía, que llegó de la mano del doctor Mondragón y Kalb, se van con vítores ni entregan resultados que permitan pensar que los jefes militares, en situación de retiro, deban hacerse cargo de funciones de seguridad pública.

Cuando en el Estado de México se le comenzó a desbaratar el tema de seguridad a Eruviel Ávila, directamente de la Secretaría de Gobernación le enviaron a un civil, que tiene experiencia amplia como policía, y que además había tenido el titular de seguridad en Hidalgo cuando Osorio Chong era gobernador. El mensaje está muy claro.

En la Ciudad de México, que cuenta con el mayor número de efectivos policiacos del país, hace muchos años que el responsable es civil. Lo fueron Marcelo Ebrard y otros perredistas que no tenían formación como policías.

La ventaja de un mando castrense es la disciplina, a la vez que la confianza, y hasta hace poco tiempo se decía en automático que eran garantía de honestidad. Por lo visto, en el impulso que este gobierno quiere darle al tema de seguridad no existen espacios para los militares retirados como responsables de policías estatales o municipales.

La lección para las fuerzas armadas reside en el análisis de los motivos por los cuáles fueron removidos de sus cargos, por los que dejaron de ser necesarios. Corresponde a ellos, con la capacidad y la mentalidad castrenses hurgar hasta el fondo del papel que desempeñaron en años recientes y en las razones para que hayan dejado de estar presentes.

Un militar aspira a ser militar. Esto es un dogma permanente en las fuerzas armadas. Por mandato superior desempeña funciones policiacas o, como sucede hoy, de corresponsabilidad y apoyo en el combate al crimen organizado. Si esto les gusta o no, habrá que preguntárselo a ellos. Un jefe militar al retirarse tiene problemas económicos, su pensión no corresponde a sus necesidades familiares. Esto hacía que vieran como una “salida cómoda” incorporarse, con su pensión segura, a funciones de jefaturas policiacas u oficinas de seguridad institucional.

Eso ya terminó. Los últimos en irse cerraron todas las puertas. A partir de hoy será excepción, por motivos muy específicos, la presencia militar en función de jefe policiaco. Habrá muchos que piensen que esto es por el bien del país, y muchos otros que, también crean que esto es por el bien de las fuerzas armadas.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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