México, 10 de junio (La Jornada).- Si la infancia es el espejo en el que una sociedad mira su futuro, como dicen, entonces la sociedad salvadoreña se mira en un espejo roto. Ese es el punto de partida de la documentalista Marcela Zamora para acompañar a una docena de niños del barrio de Soyapango en que viven, juegan, iluminan con lápices de colores en sus cuadernos, hacen tareas, brincan y crecen en un mundo controlado por la ley de las pandillas del Barrio 18. Nota completa…
Blanch Petrich
