El coronavirus cimbra a soldados, pilotos y marinos

Ciudad de México / 9 Junio .-Comienzan a caer como si fueran moscas; uno, dos, tres por día. Las redes sociales, las benditas redes sociales, las que la 4T no puede controlar ni pervertir, está dando cuenta de la tragedia en los cuarteles, bases aéreas y apostaderos navales, en donde los militares de tierra, aire y mar comienzan a caer como moscas.

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Su trabajo, las misiones y planes y estrategias que les ordena el gobierno cargándolos y saturándolos de responsabilidades, los hacen convivir todos los días con civiles de quienes no se sabe si están enfermos o no de COVID-19. Eso no importa demasiado o al menos parecía no importarles a los mandos del puesto militar de Querobabi, por ejemplo, que despreciaron no solo el trabajo de una subteniente médico militar que les advirtió, luego de más de 200 pruebas de síntomas del coronavirus, que la tropa estaba enferma, que estaban mal y con neumonía y debían ser internados.

Los mandos no solo se burlaron de la subteniente; además, se burlaron de la educación y capacitación médica que la Sedena le dio a la doctora y, por desgracia, acabaron pagando su soberbia. Uno de ellos falleció ya del COVID-19 que negó. Su jefe, un general, no tuvo otra ocurrencia más que ordenar el arresto de la doctora, porque andaba escandalizando y asustando a la tropa en Querobabi.

Antes de que la tragedia en los cuarteles comenzara a crecer de manera incontrolada, el general secretario Luis Cresencio Sandoval había reconocido en una conferencia mañanera que en la Sedena habían muerto cinco militares entre marzo y los primeros días de abril.

Luego vino la pesadilla y en mes y medio murieron otros 40, también por coronavirus. En la lista de los fallecimientos no estaban incluidos al menos otros tres o cuatro ocurridos hace dos semanas. Serían entonces al menos 50 los soldados, pilotos y marinos caídos por la pandemia.

Pero la pesadilla no ha terminado. Apenas comienza ahora, para los militares de todas las armas y servicios, porque este fin de semana murieron otros cuatro elementos y al menos dos mandos de zona fueron ingresados al Central Militar en estado crítico. Dos de ellos son comandantes de zona y están intubados, sedados, en coma inducido para poder soportar la invasión que significa ser conectado a un ventilador.

El tema es muy delicado al interior de la Sedena y de Marina, en donde se ha ordenado desde sus principales oficinas cerrar filas, guardar silencio, negar datos, cancelar información y controlar cualquier cifra, número o comentario que vaya revelando la magnitud del impacto del virus entre la tropa, oficiales y sobre todo entre los jefes.

No solo se trata de los contagios y las bajas en el Ejército, la Fuerza Aérea o la Marina, se trata de las carencias con las que se comenzó a enfrentar la pandemia y que hoy tienen a decenas de militares a las puertas del contagio, por la nula planeación y prospectiva que se debió tener de este fenómeno.

En la FAM, por ejemplo, muchas tripulaciones han recibido cubrebocas que no valen ni 10 pesos, que están mal hechos y no dan ninguna protección al personal, pero han sido repartidos para que la tropa se proteja de la enfermedad. Toda una burla.

La situación es tal que varias tripulaciones de flotas importantes, como la de los Boeing 737 del escuadrón 502, ya no vuelan, porque casi todos sus pilotos y oficiales están en cuarentena o de plano contagiados de COVID-19.

¿Más tragedias? La del soldado de Infantería Abigail, que se suicidó con FX-05 en el Hospital de la Mujer en Fresnillo, Zacatecas, el 31 de mayo al enterarse que tenía coronavirus.

Médicos, enfermeros, oficinistas, artilleros, tracas, fusileros paracaidistas, comandantes de zona y también marinos activos y en retiro están cayendo como moscas. El virus no respeta nada ni a nadie. Hasta uno de los sastres de la ayudantía del general secretario –un sargento segundo– ya murió del coronavirus el 27 de abril.

El virus cimbra en serio y con todo.

Redacción / EstadoMayor.mx

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