¿Qué hacemos con los desarrapados del sur?

México, 27 de enero.- No vienen porque sí, no se les ocurrió una mañana, ni tampoco se juntaron espontáneamente. Detrás de las “caravanas” de centroamericanos, hoy la que viene de Honduras, hay intereses muy alejados de la solidaridad. Hay gente que se aprovecha de la ignorancia y la necesidad, que les ha vendido en “sueño americano” como si viviésemos en el siglo pasado.

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Porque Estados Unidos tiene una política de cero tolerancia con los indocumentados, porque es más frecuente escuchar de personas que llevan años viviendo en ese país, que tienen hijos, esposa, negocios y que son expulsados. No los quieren ahí, no les van a abrir las puertas, lo que es muy fácil saber.

Vienen engañados. Y manipulados. Vienen para cruzar hasta la frontera con Estados Unidos creyendo que mágicamente van a internarse en ese país, que no existe el desierto, los coyotes, la muerte en el cruce, en el mejor de los casos.

La razón de las imágenes que vemos todos los días, en que la Guardia Nacional detiene, o intenta detener, a quienes mandan a mujeres y niños delante para entrar a nuestro país, es monetaria. Es política. Es perversa y ajena a la condición de pobreza de sus protagonistas.

Los migrantes no quieren quedarse en México, no quieren protegerse en nuestro país como hicieron los guatemaltecos azotados por una guerra, o los españoles también perseguidos por la violencia de la guerra. No quieren trabajar aquí, no quieren iniciar una nueva historia de vida aquí. Entonces, esa es la verdadera pregunta, por qué debemos recibirlos.

La tradición de asilo mexicano esta presente en Bolivia, en las peores condiciones de persecución de nuestro personal diplomático, ha estado vigente a través de los años, y seguirá estándolo. Lo que vemos en Chiapas, en toda la frontera Sur, no guarda relación con ésta porque, así de simple, los hondureños no buscan asilo.

Y quienes viven en el Sur de México no quieren a estos desarrapados que, sobran testimonios, aumentan la violencia, crean problemas, no aportan a su vida provinciana.

Entonces hay que admitirlo, pese a las críticas moralinas e interesadas, no queremos a esa gente. No queremos que pasen a través de nuestro país causando problemas. Y si nos apuran, tampoco queremos más problemas en una frontera norte que ya no puede acoger a más personas que van de paso.

Así de claro: No los queremos…

Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx

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