Del Presidente a los periodistas…

En tabasqueño hubiese sido más fácil entenderlo. Porque la utilización del vocablo “prudentes” dejó espacio para todo tipo de manipulación, la que, además, sigue presente en el ánimo de muchos analistas políticos que continúan con la piel muy suave frente a cualquier expresión de López Obrador.

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En la “mañaneras” la elección de cuál de los presentes tiene voz es, totalmente, aleatoria. Un día López Obrador decide que hablen los de la segunda fila, de izquierda a derecha. Otro alguno de hasta atrás, donde no alcanza a reconocer a los periodistas. Y, también, a veces se decide por la primera fila. No hay lugares fijos. Los reporteros se van sentando según van entrando, según el señor de la puerta te permite pasar y los soldados dentro, de uno en uno, te detienen para revisar tu “gafete”.

Por eso la fila, fuera de la puerta de Moneda, comienza a las seis de la mañana. Por eso llegan las señoras gordas a vender café y atole, las mismas que salen corriendo cada diez minutos quién sabe por qué. Hay que formarse de noche para lograr entrar.

El primer mandatario tarda en sus exposiciones. Y los reporteros tienen dos preguntas por turno.

Todo este ritual hace más “democráticas” las “mañaneras”. El lunes un periodista, de uno de esos “medios” que solamente conocen unos cuantos, le preguntó a López Obrador sobre Jorge Ramos. Con expresiones que se han magnificado desde su intervención. Y el Presidente respondió a su manera. Y se armó la de Troya…

Lo que quiso decir fue que los reporteros que asisten habitualmente a las “mañaneras” no lo están “cuqueando”. No van a provocarlo. No hacen un show de sus preguntas.

No van con mala leche.

Aunque, creo yo, se valdría la mala leche si no hubiese afán de convertirse en merolico que vende suscripciones de su periódico.

En los hechos, el mandatario “defendió” a los presentes de las críticas, así lo dijo, de un columnista que escribió que eran “malos periodistas”.

Luego, a su manera, agregó que la gente está muy consciente, que existen redes sociales, y que los periodistas eran “prudentes” porque si se “pasaban” ya sabían…

Refiriéndose a lo que acababa de decir, a las redes sociales, a la gente que no compra mentiras, a la gente que será la que juzgue a los periodistas que “se pasan”. E insistió: “no es conmigo, no soy yo, es con los ciudadanos”.

Cualquiera que tenga presencia en Tuiter sabrá lo mal que le ha ido a muchos periodistas que fueron consentidos del poder en años anteriores, que cobraron mucho dinero según las facturas que se han hecho públicas. En verdad, les va mal con grandes sectores sociales. De eso habló López Obrador.

Y el escándalo se hizo. Ejemplo de la falta de entendimiento entre periodistas que tienen otra visión del mundo, que no escuchan o saben escuchar al primer mandatario, que todavía no se familiarizan con su estilo de hablar…

Cotidianidad de la Cuarta Transformación

Isabel Arvide/@isabelarvide/EstadoMayor.Mx

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