La Marina, exhibida por el juez



México, 4 de junio.- Los marinos que “detuvieron” al “Abuelo” Juan José Farías, presunto criminal, en Michoacán, hicieron lo que les ordenaron. Asombra que, a estas alturas de la historia, les sigan ordenando tal cantidad de absurdos fuera de la ley.

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Porque una cosa es “abatir” al enemigo, y otra muy distinta coadyuvar con la autoridad correspondiente en una detención.

¿Qué justificaba el exceso de fuerza? Los disparos desde el helicóptero que incendiaron la camioneta de Farías, cuando estaba acompañado de su esposa y su hijo de dos años…

¿Había una orden de aprehensión en su contra? ¿De ser así, por qué no iban en el operativo autoridades civiles, ministerio público, policías federales?

Como de primero de primaria, para agravar más los errores, de operación y de órdenes recibidas: ¿no se dieron cuenta de qué los estaban grabando?

Los marinos que detuvieron al “Abuelo” quisieron repetir lo que dicen, siempre, en las puestas a disposición ante el respectivo juez: que iban pasando, que lo vieron parado fuera de la camioneta, que traía un arma…

Sin embargo, esta vez el juez no se lo tragó. Videos, grabados por gente de Farías, mostraron que los marinos mentían. Que utilizaron helicópteros, que dispararon contra la camioneta, que Farías estaba dentro…

¡Qué necesidad!

Cómo si no tuviesen suficiente con estar bajo sospecha de haber efectuado desapariciones y asesinatos en esa entidad, 23 víctimas de febrero a mayo de este año según la ONU.

¿El “Abuelo” Farías es un criminal que debe ser detenido y entregado a las autoridades? Quiero suponerlo así. Pero México sigue siendo un país de leyes, y éstas dicen cómo debe efectuarse una detención. Responderán los marinos que así por la “buena” no hay resultados… qué pena, porque quienes infringieron la ley y permitieron que el supuesto criminal quedase en libertad, fueron ellos.

La participación de los militares en labores de seguridad, en acciones de policía, debe analizarse profundamente. El desgaste inmenso es para las instituciones. La frustración que padecen los hombres, en este caso marinos, entrenados para “vencer al enemigo” es inmensa. Para ellos, para quienes así fueron educados, el mundo se divide en malos, que son los otros, y buenos que son ellos.

Por lo tanto, los “buenos” pueden hacer todo contra los “malos”.

Ha sobrado tiempo en este sexenio para enseñarles a militares, a marinos, qué dicen las leyes mexicanas. Y ordenarles que las obedezcan. No ha sido así. Por el contrario, con o sin conocimiento, se les ordena que actúen arbitrariamente, fuera de la ley, y que después digan un cuento.

Los presuntos criminales no son enemigos, no pueden ser atacados con fuerza mortal. No hubo resistencia. Había un niño de dos años que milagrosamente no resultó muerto. ¿Dónde está el límite?

Por lo pronto, un juez se negó a aceptar dichos, que eran obvias mentiras, de los marinos. Un detenido, presunto criminal, fue liberado y recibido entre ovaciones y mariachi en su pueblo. ¿Quién gana? ¿Quién pierde?

 

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estadomayor.mx



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