“La seguridad y la frustracion” Operativo en Cozumel

México, 11 de septiembre (Isabel Arvide).-  Cozumel, Quintana Roo,

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De regreso al cuarto, a la regadera de agua fría, te quitas el sudor cuajado sobre la piel, pero la frustración sigue ahí.  No importa cuánto restriegues el jabón contra las coyunturas igual de resentidas por el ejercicio, te molesta más que cualquier cansancio.  Los perros que pueden oler la droga, piensas, se veían igual de dañados, deteriorados y fracasados que tú. Saldo del operativo en Cozumel: Que no se vendió droga.  Que ninguno de los tiradores que habitualmente se colocan al paso de los turistas a pocos metros de las oficinas del Sector Naval pudieron hacerlo.

¿Es suficiente?

La respuesta tiene que ser tan amplia como complicada.  Porque no es el tema del día a día, no es la “misión” a cumplir, aunque sea suficiente.  Romper el círculo vicioso de impunidad es el principio, es, también lo esencial. Cuesta a remontar contra todos.  Es decir, los intereses locales y las animadversiones políticas locales.  Porque no es, simplemente, irrumpir en el malecón donde cualquiera recibe las ofertas de cocaína y mariguana en minutos, sino penetrar mundos ancestrales donde la vida isleña fue tan diferente como intocada.Y todo aquello que interrumpe la cotidianidad, la rutina, es merecedor de atención extraordinaria así como de un rechazo orquestado por tantos intereses que sería imposible enumerarlos. Un operativo de seguridad conjunto, de autoridades federales y estatales en Cozumel, busca, definitivo, atacar frontalmente organizaciones criminales que están operando con éxito ante la omisión y la complicidad de la autoridad municipal. Por largas semanas he declarado que el director de esa “autoridad”, el capitán Eduardo Isidro Sánchez, no era confiable para nosotros porque no solamente no nos había apoyado en ninguno de nuestros eventos sino que abiertamente había admitido conocer la actuación y la persona de todos los narcotraficantes sin haber hecho nada en su contra.

La realidad, que es más terca que cualquiera de mis enemigos, vino a darme la razón al demostrarse que dicho personaje no “pasó” el examen de confianza  federal, requisito indispensable para continuar en su puesto y, además, que se reciba el subsidio federal (Subsemun) para la seguridad.  Cantidad de dinero nada despreciable.

Cozumel tiene 400 policías que deberían, de sobra, garantizar la seguridad ciudadana e impedir cualquier acción criminal. A partir de esta realidad, insisto, de omisión, nos ha correspondido detener a delincuentes y decomisar droga y vehículos.  Lo que ha obligado, también de manera definitiva, a cambios en usos y costumbres de descuido institucional.  O, si se prefiere, que eran validos en otros tiempos.  Me refiero, mero ejemplo, a que automóviles y pasajeros, igual que vehículos de carga,  antes de estos operativos entraban a la Isla sin ninguna revisión oficial.  Esto en un mundo globalizado donde la rutina es, justamente, en contrario: las revisiones exhaustivas de personas y vehículos en busca de armas, drogas y cualquier artículo ilegal. Hoy los marinos hacen un excelente trabajo en estas revisiones.  Y seguramente se conseguirá en gran medida evitar el contrabando de droga y armas a Cozumel. Esto, también hay que admitirlo, conlleva molestias.  Pero que no se comparan al daño que como sociedad existiría en una economía local basada en el turismo si se permitiese el incremento de la seguridad.

Y esto es lo más de difícil de explicar, de conseguir que sea parte de la percepción social cozumeleña: Que la venta libre de droga al turista es el primer paso a la inseguridad y la violencia que en otras partes del país inhiben totalmente esta actividad.  Como en Acapulco donde la imagen pública de violencia, basada en realidades, ha hecho que los cruceros dejen de arribar. Al detener a narcomenuudistas, que no son sino mugrosos, aprendices de delincuentes que no pertenecen a ningún grupo importante, se combate este peligro inmenso.  No se puede vivir rodeado de criminales mirando hacía otro lado, no es redituable ni aconsejable imaginar que esos delincuentes no van a irrumpir en tu casa, en tu negocio, con su carga de extorsión, secuestro, asesinato. Cada ciudadano, en todas partes del mundo, es corresponsable de la vida en sociedad.

Cozumel tiene todo, absolutamente todo, para ser un ejemplo nacional de seguridad.  Es simplemente cuestión de voluntad política y social conseguirlo.  No es un tema exclusivo de la autoridad, del gobierno o de la fuerza pública.  Corresponde a la sociedad decidir cuáles son las ventajas de vivir una cultura de cero tolerancia a la criminalidad.  Que van desde la libertad en sus casas y sus calles hasta asegurar sus legítimos ingresos del turismo.

Uno viene, como hoy, con toda la voluntad y todo el entusiasmo y todos las armas a intentar, simplemente, poner un hasta aquí a lo que es inmoral que exista como rutina (la venta libre de droga en los sitios más concurridos) porque muchos no hacen su trabajo.  Y a veces hay suerte y muchos kilos de mariguana o muchas dosis de cocaína para asegurar, delincuentes que detener, otras nos llevamos las mentadas, las criticas en los medios, los gritos de los taxistas, y la frustración incrustada en la piel rumbo al ferry donde los turistas, en traje de baño, beben cervezas y se divierten mirando el más bello de los paisajes…

Isabel Arvide

 

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