Cuarteleras



México, 12 de enero.- El general Audomaro Martínez Zapata, el alfil de Andrés Manuel López Obrador para acompañarlo en la Sedena tan pronto sea declarado ganador de las elecciones presidenciales en julio de este año, tiene ya un contrincante puesto y listo para entrarle al quite al tabasqueño.

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Se trata del general de División André Georges Foullon Van Lissum, ex director del Colegio de Defensa Nacional y actual Comandante de la III Región Militar en Mazatlán, Sinaloa, cargo que ocupa desde el pasado 1° de diciembre de 2017 cuando llegó a sustituir al también general Juan Ernesto Antonio Bernal Reyes.

Las aspiraciones y movimientos iniciales del mando en Sinaloa se conocieron tan pronto como López Obrador presentó a quienes dijo que integrarían su gabinete legal en caso de llegar a Los Pinos.

Tres días después de que el general retirado Audomaro Martínez Zapata fuera destapado (en realidad desde hace casi un año se mencionaba su nombre para el cargo de DN-1) por AMLO, el general Van Lissum dejó correr la voz para que se supiera dentro y fuera de Sinaloa que él estaba listo para llegar al máximo cargo dentro de la secretaría.

El general Foullon fue director del Colegio Militar y antes estuvo al frente de la Cuarta y de la Décima Zonas Militares. Previamente se le asignaron responsabilidades como comandante de la Segunda Brigada de Policía Militar (PM) cuando esa unidad fue asignada a brindar apoyo a las operaciones de alto impacto y de seguridad pública en el estado de Chihuahua.

En su paso por las comandancias y el mando de tropas, el general André Georges comandó también la Brigada de Fusileros Paracaidistas y estuvo al frente de la complicada y explosiva Guarnición Militar de Nuevo Laredo, Tamaulipas y fue comandante del Tercer Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE) cuando se le desplegó en el Triángulo Dorado.

Apenas en diciembre de 2017 fue designado el frente de la III RM en Sinaloa, el tiempo suficiente para involucrarse todavía más en la dinámica de lucha contra el narco a partir del esquema de combate basado en la amplitud de acciones que la Ley de Seguridad Interior (LSI) dará a las fuerzas armadas en cuestión de semanas.

Así, el general Foullon se convierte por el momento en la punta de lanza y en la respuesta de la Sedena a López Obrador y a Morena para enfrentar la posible llegada de un militar retirado a la máxima posición de la Defensa Nacional en mucho tiempo.

En tanto la figura del comandante en Sinaloa intenta crecer entre sus pares, el general secretario y el almirante Vidal Soberón han retomado la ofensiva para blindar desde el discurso a la LSI, asegurando que ésta no solo no militarizará al país, sino que constituye parte de una especie de cronograma para asegurar el regreso gradual (no dijo cuándo) de las tropas a sus cuarteles.

El problema es que con el marco vigente para operar contra la delincuencia en todo el país, restrictivo, limitado, acuciante -según soldados y marinos- la Marina acaba de recibir la primera Recomendación del 2018 (la 74/2017), por el cateo, la detención ilegal, los golpes, la tortura, la incomunicación, las acusaciones y el traslado ilegal de un civil detenido en San Luis Potosí y presentado en la Ciudad de México ante la SEIDO de la PGR.

Si eso es ahora, ¿qué ocurrirá cuando la LSI les dé todas las ventajas y blindaje parea actuar?



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