Bitácora de vuelo



México, 9 de noviembre .- Hace un par de semanas legisladores federales aprobaron en lo general y en lo particular el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) y la Ley Federal de Ingresos (LFI) para el año 2018 (el 20 de octubre los diputados y el 26 los senadores), con lo que solo queda esperar el ultimo visto bueno para que el paquete económico de más de 5.2 billones de pesos tenga luz verde y con ello se ejerzan los recursos federales del último año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

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De ese monto, 81 mil 021 millones de pesos serán para la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y 31 mil 305 millones irán a la Secretaría de Marina-Armada de México, en un ejercicio sexenal sin precedentes para ambas dependencias.

Los recursos están etiquetados principalmente para que ambas secretarías terminen o avancen significativamente en sus proyectos insignia. Para la Marina la construcción de su Patrulla Oceánica de Largo Alcance (POLA), así como la expansión y fortalecimiento de su sistema de inteligencia naval son prioridad ineludible.

Para el Ejército y Fuerza Aérea la agenda de pendientes es más grande y compleja. Debe cerrar decenas de proyectos pendientes en una larga lista de requerimientos, contratos, actualizaciones y urgencias presentadas al alto mando. Muchos avanzan como se había previsto, pero otros se estancaron o son invisibles, casi imposibles de ubicar.

Uno de ellos, tal vez el principal, es el de la fabricación de aviones entrenadores propios, diseñados para ser piloteados por instructores y cadetes del Colegio del Aire. Hace dos años el general Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Sedena, anunciaba el inicio de los festejos del centenario de la FAM.

Un año más tarde, en el centenario de la Industria Militar, Cienfuegos anunciaba una cascada de ambiciosos proyectos.

Habló de la compra de maquinaria especial para producir granadas de 40 milímetros de baja velocidad, se refirió a la mejora en las capacidades para aumentar la fabricación de fusiles FX-05, se refirió a la consolidación del proyecto Saraf Balam -un sistema de tiro manejado a control remoto y montado en blindados ligeros y vehículos de exploración-, y a los proyectos en desarrollo del Cimarrón, un transporte blindado para personal en operaciones, y el Kitam, un blindado ligero para apoyar el despliegue de tropas en zonas de conflicto.

Otro de los proyectos fundamentales es el del blindado ligero DN-XI, un vehículo táctico “de altas características” -con enormes similitudes al Sandcat de Oshkosh- y del cual deberán construirse al menos 50 unidades para finales de este sexenio.

Pero el proyecto insignia de la administración del general Cienfuegos al frente de la Sedena es el Proyecto Azteca, con el que deberán construirse los primeros aviones entrenadores de turbohélice que usarán los cadetes del Colegio del Aire.

El mismo Cienfuegos lo anunció en enero de 2016. En las semanas siguientes diversos medios de comunicación trataron de ahondar en el tema, pero no llegaron a la médula del tema ni le siguieron la pista al proyecto.

La encargada de llevarlo adelante es la Subdirección General de Industria Aeronáutica Militar de reciente creación, no la FAM. Previo a su aparición la comandancia de la Industria Militar ya había tenido acercamientos y acuerdos a firmar con varias universidades para nutrirse de ideas, experiencias y aplicaciones de cara a la creación del biplaza Azteca.

El avance del prototipo es lento pero sostenido. En el proyecto colaboran, por ejemplo, el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (Cidesi) de Querétaro, la Universidad Aeronáutica de Querétaro (Unaq) y empresas como Oaxaca Aerospace (fabricante del prototipo de avión entrenador Pegasus), además de otras compañías integradas en clusters aeronáuticos en el norte y occidente del país.

El Proyecto Azteca fue planeado a largo plazo, pero con resultados alcanzables en corto tiempo, tanto como el final del sexenio de Peña Nieto y Cienfuegos. Los objetivos son producir tres aviones biplaza para adiestramiento, meta que deberá alcanzarse en el último tramo de 2018.

La siguiente fase implicará echar a andar una línea de producción para ir dotando de aparatos a los cadetes y más adelante, para finales del 2020, llegar a la meta prometida de 35 aviones turbohélice de producción nacional, confiables y que sean la antesala de una generación de ingenieros aeronáuticos capaces de construir la primera máquina a reacción de la FAM.

El año clave de esta ruta crítica será el 2036. Con el Proyecto Azteca deberán crecer también la Industria Militar y sus capacidades para dotar de material bélico y equipo a las fuerzas armadas, siempre bajo la necesaria lupa de los civiles.

El otro reto para la FAM y la IM es la transparencia, la rendición de cuentas, la apertura.

Un proyecto de dimensiones transexenales como el Azteca debe ser difundido y acompañado paso a paso, no guardado en los cajones de una intrincada estructura castrense poco afecta a la transparencia.

¿Alguien conoce o lleva un seguimiento sobre el costo de las primeras etapas del proyecto?

¿Se sabe a ciencia cierta cuál es su grado de avance?

¿Por qué no aparecen detalles del mismo en informes de logros o en documentos presupuestales o bien en los apartados de Hacienda y Sedena sobre el estado de los proyectos de inversión?

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



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