La peor tragedia



México, 12 de octubre.- En los últimos once años han muerto 533 militares en el marco de la guerra contra el narco.

Anuncios

Datos actualizados por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) hasta el 1° de octubre de este año indicaban que la cifra de militares caídos en Operaciones Contra el Narcotráfico (OCN) era de 526 elementos.

La muerte de otros siete efectivos en el desplome del helicóptero Bell-412 de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) ocurrido el jueves seis de octubre en El Salto, Durango, elevó la cifra a 533.

Aunque esta arma del ejército no ha sido la más castigada en el número de decesos en la lucha contra el narco (el primer sitio lo ocupa la Infantería), sí es la que más bajas ha registrado en accidentes aéreos y en ataques armados contra aeronaves militares.

Documentos de la Sedena de libre acceso revelan cuáles han sido los episodios más dramáticos, en cuanto a accidentes aéreos o ataques contra aeronaves militares en los últimos 11 años, en los que han fallecido tropas y oficiales pertenecientes a las Fuerzas Especiales.

La base de datos denominada Relación de Personal Fallecido en la Aplicación de la Campaña Permanente Contra el Narcotráfico y la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos y que puede ser consultada en el portal de la Sedena sin restricciones, detalla el número de eventos, el grado de los militares involucrados, la fuerza armada a la que pertenecían, el arma o servicio a la que estaban adscritos, el lugar y municipio en el que fallecieron, así como la entidad en donde ocurrió el suceso, la fecha, el año, la unidad a la que pertenecían y el tipo de evento en el que perdieron la vida.

Dicho documento -que se actualiza cada día primero de mes- registraba la caída de un helicóptero militar en el municipio de Badiraguato, Sinaloa, el 19 de junio de 2010, y la muerte de 11 militares -cuales 6 eran integrantes del Cuerpo de Fuerzas Especiales– como el suceso fatal más grave en el que habían muerto militares de elite.

En esa ocasión se trató de un accidente ocasionado por las malas condiciones climáticas durante un vuelo nocturno, en el que los pilotos habían recibido la orden de aterrizar en Badiraguato durante unos minutos.

El aparato se elevó más tarde con el piloto (Teniente de la Fuerza Aérea), el copiloto (Teniente de la Fuerza Aérea), un Mayor de Caballería perteneciente al Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN) y un Capitán Segundo de Infantería, también del EMDN.

El resto de los tripulantes eran un Sargento Primero, Especialista en Electrónica de Aviación, un Teniente de Infantería de Fuerzas Especiales, tres Sargentos Segundos (Fusileros Paracaidistas de Fuerzas Especiales, dos Cabos (uno del Ejército, del servicio de Sanidad, y otro Fusilero Paracaidista de la Fuerza Aérea).

El aparato accidentado era un Bell-412, matrícula 1208, que debía volar de Badiraguato, en Sinaloa, hacia la localidad de Cinco de Mayo, en el municipio de Durango. Medios locales y nacionales reportaron la caída de la aeronave cerca del poblado de San Miguel del Alto, en el municipio de Santiago Papasquiaro, en Durango.

En los registros de la Sedena el accidente ocurrió en el municipio de Badiraguato, Sinaloa.

Cinco años después, el derribo de un helicóptero EC-725 Cougar, matrícula 1009 de la FAM, durante una operación de alto impacto, se convirtió en la mayor tragedia registrada en una operación que involucraba aeronaves militares.

El 1° de mayo de 2015, en el marco del inicio de la Operación Jalisco, el Ejército y la Policía Federal (PF) pusieron en marcha una operación por tierra y aire para detener a Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), uno de los 121 objetivos prioritarios del gobierno federal en la lucha antinarco.

Helicópteros de la FAM y de la PF despegaron desde Zapopan, Jalisco y desde la Base Aérea Militar Número 1 (BAM-1) en Santa Lucía, Estado de México, para ubicarse sobre un caserío ubicado en el municipio de Casimiro Castillo, en donde unidades de inteligencia habían confirmado la presencia del capo y de un numeroso grupo de escoltas (alrededor de 40 individuos) con todo un arsenal de alto calibre que incluía lanzacohetes, lanzagranadas de 40 milímetros y fusiles Barret calibre ´50.

El Cougar 1009 llevaba 18 ocupantes; 11 militares (5 eran de Fuerzas Especiales), dos policías federales y cinco de tripulación. Ocho integrantes del ejército y uno de la Policía Federal murieron tras el ataque.

La caída del Cougar 1009 no solo reveló el poder de fuego de una de las organizaciones criminales más activas de México; también exhibió la falta de preparación de la FAM y de los mandos encargados de diseñar operaciones como la efectuada, así como la descoordinación y una cadena de decisiones erróneas de distintos mandos durante los momentos más apremiantes de la misión.

Las primeras versiones de lo sucedido esa mañana hablaban de un enfrentamiento entre fuerzas federales y sicarios del Mencho en un encuentro fortuito sobre un camino de terracería, justo en el día de inicio de la Operación Conjunta Jalisco, diseñada en principio para disminuir la violencia armada en la entidad, pero enfocada en realidad a detener al líder del CJNG y a golpear su estructura.

Versiones periodísticas basadas en reportes policiacos locales mencionaban que, durante un patrullaje carretero, unidades de seguridad estatal y federal se toparon con un convoy de camionetas sospechosas. Sus ocupantes no esperaron y dispararon contra los agentes que pidieron apoyo.

Otra versión indicaba que uno o dos helicópteros pertenecientes a la Operación Jalisco patrullaban la zona de Villa Purificación y detectaron al convoy de camionetas, solicitaron autorización para descender e investigar de qué se trataba y fueron atacados desde tierra.

Oficialmente, la caída del Cougar 1009 ocurrió en un enfrentamiento en el que los grupos de protección de Nemesio Oseguera hicieron descender a la aeronave disparándole desde varios puntos, causando numerosas bajas y logrando que varios de sus ocupantes quedaran dispersos en la zona del ataque.

Un mes después (8 de junio), el Senado de la República, en sesión pública, concedió ascensos post mortem a los Capitanes Segundos de Infantería Sergio Gabriel Ugalde Cortés, Julián Daniel Palacios López y al Capitán Segundo de la FAM Luis Alonso Lara Corral, así como al Teniente de Infantería Rolando Cruz Pérez, al Subteniente de la Fuerza Aérea, Especialista en Electrónica de Aviación, Miguel Ángel Jarquín Robles, a los Sargentos Segundos de Infantería Alberto Sánchez García y Diego Aarón Pedraza Pérez, de la Fuerza Aérea, responsable de Armamento Aéreo, Germán Zamora Cardoso.

El incidente del Cougar 1009 quedó registrado por la Sedena como “agresión con arma de fuego” y era, hasta ese día, el acontecimiento más grave sucedido a un aparato de la FAM y al personal de Fuerzas Especiales.

Dos años después, la caída del Bell-412 -matrícula 1211- en El Salto, Durango, en el que murieron seis elementos de Fuerzas Especiales y un integrante de la FAM, altera las estadísticas militares y coloca lo sucedido como la mayor tragedia ocurrida a miembros de las Fuerzas Especiales.

De acuerdo con la base de datos de la Sedena, el año 2010 ha sido el peor para la FAM y para las tropas de Fuerzas Especiales desplazadas por aire ya sea para realizar operaciones de alto impacto o durante traslados para adiestramiento o en desplazamiento de tropas y oficiales.

En ese año el Ejército perdió a 17 elementos; 8 en Sinaloa, 4 en Tamaulipas, 2 en Sonora y 3 en Nuevo León, Campeche y Jalisco.

El segundo año más trágico era el 2015, con la muerte de 7 elementos; 5 en Jalisco (Cougar 1009), 1 en Guerrero y 1 en Tamaulipas.

En 2012 la Sedena perdió a 5 militares de Fuerzas Especiales; 2 en Durango, 1 en Tamaulipas y 2 en Sinaloa.

En 2011 fueron 3 los militares de esta arma fallecidos en hechos en los que fueron agredidos con armas de fuego.

En 2013 la cifra fue de solo 1 militar fallecido (en Sinaloa) al igual que en 2014 (en Sinaloa) y en 2016 (en Guerrero). El 2009 ha sido el único año en el que no se registraron decesos de elementos de Fuerzas Especiales.

En este año, la Defensa Nacional tenía registrado el fallecimiento de 3 elementos de FES (en Tamaulipas) hasta que ocurrió la caída del Bell-412 en Durango, con el saldo de 6 efectivos de esta arma muertos. Con ello este evento se convierte en la mayor tragedia sufrida por integrantes de Fuerzas Especiales en un episodio ligado a la Fuerza Aérea Mexicana.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



Anuncios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *