“Para no olvidar cómo te llamas”: Tulio Hernández



México, 7 de agosto.- En su estilo de siempre, coloquial y grosero, el exgobernador de Tlaxcala, Tulio Hernández declaró a su llegada a la comida con Enrique Ochoa, en la sede del PRI, que asistía para “hablar de política… porque el que olvida cómo se llama es un pendejo”.

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A la salida de dicha reunión se perdió. Y como a ratos no recuerda su nombre, tristemente, su familia levantó una alerta… Al día siguiente fue encontrado en alguna calle de la Ciudad de México.

Pocas expresiones pueden definir tan certeramente el momento que atraviesa el PRI, un partido que difícilmente ganará las elecciones presidenciales del 2018, que busca en los próximos días cambiar sus estatutos para tener un candidato a modo, que todos definen como José Antonio Meade.

El riesgo, advierten ya muchos, es la fractura interna del partido.

Por eso, políticos que no suelen hablar en público, como Francisco Labastida Ochoa han hecho declaraciones en todos los medios advirtiendo que no deben cambiarse los estatutos. Otro tanto ha dicho María de los Ángeles Moreno que fue líder de ese partido.

Labastida Ochoa ha sido muy preciso. Nada en contra de Meade, pero por qué buscar fuera del universo de los priístas que tienen muchas cualidades, como el doctor José Narro o Enrique de la Madrid, entre otros.

A su llegada a la comida de exgobernadores Labastida Ochoa recordó que él comenzó la campaña presidencial con 20 puntos a favor, y terminó perdiendo por menos de 4%. Eso es lo que puede suceder.

La pregunta es si los priístas lo entienden.

Y la principal pregunta es, si los priístas que lo entienden van a imponerse en la próxima Asamblea priísta o no.

El PRI ha perdido en cantidades catastróficas votos, incluso en las elecciones donde ha ganado como el Estado de México, pero ha perdido mucho más con la baja popularidad del Presidente Peña Nieto y los escándalos de corrupción de los gobernadores priístas como Javier Duarte.

¿Quiénes pueden votar por el PRI?

Supongo, eso deben pensar ellos, que los priístas. Son el electorado que les queda. Esa idiosincrasia, esa camiseta que asombrosamente siguen sudando un buen número de mexicanos, sin importar qué. O, para ser más exacta, siempre y cuando los otros, los candidatos, también sean priístas.

El riesgo de la fractura interna del que advierten viene de perderlos por la imposición de un candidato que como Meade ha declarado no ser priísta.

Tulio Hernández fue un político de tiempo completo, con una inteligencia privilegiada, con una personalidad populachera que le ganó muchos espacios políticos. Su carrera, desde una familia de maestros rurales, ejemplifica en mucho la permeabilidad que existió en nuestro país.

De una forma poco creíble para muchos, Tulio fue también, siempre, un político honesto que no hizo dinero, ninguna fortuna personal en su paso por el poder. Diría incluso que no le interesó intencionalmente. Fue un hombre abierto que mostró su verdadera personalidad en todo momento, arriba de una bicicleta cuando no estaba de moda, frente a los toros, bebiendo pulque o consiguiendo cientos de miles de votos.

Fue a reunirse con los priístas para “hablar de política”, convencido, así lo dijo, que es un “pendejo” el que olvida su nombre, el nombre de su madre, el nombre de sus amigos. A su salida se le olvidaron. Ignoro si trae un celular con localizador que habría sido lo aconsejable para encontrarlo pronto, o si en su estilo se fue con alguna novia, nueva o de su pasado…

Lo cierto es que la alerta oficial por su desaparición preocupó a muchos, incluso a quienes no conocieron sus excepcionales cualidades políticas y humanas, a sus amigos y a quienes, simplemente, se conmovieron ante la historia.

Otro tanto puede pasarle al PRI. Lo interesante, lo que vamos a ver en estos días es si el PRI, como dijese Tulio Hernández, recuerda su nombre… recuerda quién es y para qué es… si se aferra a ser el PRI de los priístas o termina por vender sus siglas al mejor postor…

 

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estadomayor.mx



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