Tragedia en la Base Endor



México, 21 de junio.- Al amanecer del 10 de junio, un enfurecido mar de rocas y árboles, de animales y hasta de piezas de maquinaria sorprendió a los soldados del 1° Batallón de Policía Militar que formaban parte de la Base de Operaciones “Trinidad”.

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A corriente de lodo y piedras los arrastró y los fue sepultando a plena luz del día, botándolos entre la maleza en una cañada de la sierra de Guerrero.

Los militares, que se acababan de instalar en cuatro campamentos para apoyar las operaciones contra El Tequilero en el municipio de San Miguel Totolapan, terminaron arrasados y desperdigados arroyo arriba, cerca de la corriente del Balsas.

Un documento del Ejército Mexicano elaborado tras la búsqueda de los soldados arrastrados por la avalancha de lodo y piedras muestra la zona de operaciones, la ubicación de los campamentos, el daño causado por la crecida de agua lodosa y la suerte fatal del pelotón que durmió a menos de medio kilómetro del poblado de El Carrizal, en el explosivo municipio de San Miguel Totolapan, Guerrero.

Una Sección (aproximadamente 32 elementos) del 1° Batallón de Policía Militar (aproximadamente 520 efectivos) fue enviada a establecer cuatro campamentos y una Base de Operaciones más delante de El Carrizal, en una cañada que en otras épocas del año es bañada por un arroyo que corre fuerte pero no desbordado como otros afluentes.

Los soldados acamparon los días 8 y 9 de junio en el lugar sin otra novedad que la de las lluvias torrenciales que les dificultaban avanzar más en la sierra. Los militares formaban parte de una avanzada para apoyar las operaciones anticrimen en el municipio, convertido en un pedazo de territorio que el gobierno federal y el gobierno estatal han sido incapaces de arrancarle al crimen organizado.

Ahí manda la gente de Raybel Jacobo del Monte, El Tequilero, narco regional al servicio, primero, de Johnny Hurtado Olascoaga, El Pez o El Pescado, operador de la Familia Michoacana en el sureste de Guerrero.

El Tequilero se independizó a finales de 2015 de su antiguo jefe y comenzó a operar por su cuenta, atacando a sus ex compañeros a los que logró expulsar de la zona a finales del año pasado. Así fue como se hizo del control del municipio de San Miguel Totolapan, región estratégica para el paso de sustancias químicas y de cargamentos de amapola en tuta hacia los Estados Unidos.

Ahora El Tequilero y su gente controlan la región; han echado a sus ex jefes y mantiene una guerra cruenta contra otros cárteles que han intentado pelearles corredores, cerros, brechas y salidas para el movimiento de drogas y armas y sustancias.

El desgobierno en el estado de Guerrero, tiene una de sus caras más dolorosas en el municipio de San Miguel Totolapan. Por eso el gobierno federal reforzó los operativos de seguridad, para responder de alguna forma al poder alterno de los narcos y de grupos como el de Raybel Jacobo del Monte.

El destacamento del 1° Batallón de Policía Militar enviado a la zona serrana del sur del municipio para seguirle la huella al Tequilero, tenía la misión de ir cerrando la pinza y de apaciguar la zona o al me nos de hacer presencia para obligar al narco a moverse a tierras bajas.

 

Río abajo

El Carrizal es un caserío de unas treinta viviendas, perdido en el sur de la sierra Guerrero, entre El Querengue y Las Tunas, otros dos poblados tanto o más pequeños y atravesados por un arroyo que es lejano afluente del Balsas y nace fuerte cuando llegan las lluvias.

Una carretera de terracería baja desde Valle de Luz hacia Coacoyula y sube de nuevo hacia El Querengue para peinar montes y cañadas hasta alcanzar el poblado de Las Tunas.

Antes, más arriba, justo en El Carrizal, la carretera se quiebra una y otra vez y forma un par de cuernos que terminan de repente en una ladera robusta de árboles.

Ahí, en donde el camino se acaba, sigue la brecha que parte en dos el monte, avanza entre la maleza y marca la cañada en la que los soldados del batallón acamparon apenas a unos cinco o seis metros de un arroyo que no se miraba bravo.

Lo malo vino más tarde, cuando la lluvia acumulada en tres días de temporal reblandeció las lomas de la serranía y fue desgastando la ladera y sacando igual la piedra chica y la roca grande, remeciendo arbustos, plantas y árboles, jalando lo que había arriba.

El tronido del agua agarró a la tropa y a sus jefes en la parte más baja de la cañada; no les dio tiempo de nada, mucho menos de escapar de la ola de lodo y piedra que se llevó todo. Borró hasta el camino que había en los mapas militares y que estaba señalado para llegar a El Carrizal por tierra.

La crecida se llevó primero al campamento del 1er Pelotón de Policía Militar, el que estaba relativamente más cerca de El Carrizal. Luego la corriente del arroyo que ya llevaba animales y hasta piezas de maquinaría, le pegó al 3er campamento de Policía Militar, al que estaba bajo el mando del Capitán Primero de Infantería Endor Omar Álvarez Martínez, comandante de la Compañía a la que pertenecía la sección de PM.

Ellos no tuvieron tiempo de nada. El lodo ya traía arrastrando a los del primer campamento y cubría las laderas de un arroyo que perdió la calma y en la corriente jalaba rodillos de acero y pistones oxidados de tractores desguazados.

El siguiente bandazo de agua, piedra, lodo y metal le pegó al tercer campamento, el del Teniente Trinidad, quien iba como como comandante de la sección y acampaba con dos de tropa.

Los cuatro campamentos formaban la Base de Operaciones Trinidad, de la que era responsable el teniente. La noche antes de la tragedia la lluvia había acabado por reblandecer y borrar los caminos. El arroyo, ya fuera de control, pasaba a un lado del caserío, pero como los habitantes no tenían idea de la ubicación de los cuatro campamentos, no sabían si la tropa corría peligro.

El documento del ejército muestra el primer campamento del pelotón de la PM a unos 30 metros del campamento del Capitán Endor, uno a cada lado del paso del arroyo. E siguiente campamento, el del Teniente Trinidad, estaba a unos 70 metros de distancia y el último, el del 2° pelotón de la PM, a unos 50 o 60 metros.

Todos los puestos fueron arrasados, pero no todos los militares murieron. Fallecieron ocho, entre ellos el Capitán Endor. Sobrevivió uno: el soldado de Policía Militar Gabriel Marx Femat del Toro, quien fue trasladado en helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) a un hospital del ejército.

Las fotos tomadas por peritos militares muestran que la crecida del arroyo alcanzó hasta seis metros de atura en algunos puntos. Imposible escapar con la corriente encima de los primeros campamentos.

Dos piezas de maquinaria agrícola de más de cien kilos de peso cada una iban entre la corriente de agua y lodo y quedaron varadas entre las rocas cuando el alud ya se había convertido en desgracia para los soldados.

En las imágenes una casucha de madera se sostiene apenas, milagrosa, tras el golpe del agua. Los árboles que el agua no se llevó muestran sus raíces pelonas, sus entrañas revueltas.

Los cuerpos de los militares fueron hallados por sus compañeros en dos días de intensa búsqueda, apoyados por policías municipales y estatales.

El soldado herido y el primer cuerpo aparecieron el mismo 10 de junio, muy cerca de El Carrizal.

El segundo cuerpo fue hallado también el 10 de junio, pero mucho más lejos, a unos 12 kilómetros de distancia, casi en el flujo del Rio Balsas.

El tercero, cuarto y quinto cuerpos se encontraron el 11 de junio, a unos cinco kilómetros de El Carrizal. El sexto militar estaba más lejos que los demás, porque ese llegó a la corriente del río y fue arrastrado relativamente cerca del pueblo de Valle Luz, hacia San Miguel Totolapan.

Un séptimo cuerpo fue hallado en la zona en donde el alud golpeo primero. Otro más, el octavo, estaba sin ser reconocido cuando se elaboró el documento con el que se comenzó a registrar la tragedia ocurrida en la Base Endor.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



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