Apuntes de la verdadera historia de la Revolución Cubana en México. Gutiérrez Barrios y Orquídea Pino



castrocheMéxico, 26 de noviembre.- Don Fernando, cálido, cómplice, partiendo de que estaba enterada, me habló de las armas escondidas en la casa de Risco, a donde lo mandaron, junto con Miguel Nazar Haro, a vigilar a los “barbudos”, los revolucionarios, hace poco más de sesenta años.

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La casa pertenecía a mi comadre Orquídea Pino, una mujer muy bella en su madurez, que no me habló de esto sino a jirones, muy obligada.  Era la casa del matrimonio Gutiérrez Pino, de un próspero constructor petrolero, ingeniero al que apodaron siempre “Fofo”.

Yo la conocí ya viuda, ya de regreso de Cuba, ya decepcionada de Fidel.  Difícil imaginarla cargando rifles de un escondite a otro.  Fácil imaginarla firmando el cheque correspondiente para pagarlas.

Fue a ella a quien don Fernando le “advirtió” que iban a detenerlos, que debían partir para Tuxpan, para que pudiesen salir de Tuxpan en la noche.

La historia soslayada.  La que niegan algunos.  La que conocen otros.  Sobre todo Emma y Juanita, sus hermanas.

Orquídea había sido cantante.  Entre Cuba y Nueva York se casó con “Fofo”, un rico ingeniero petrolero que tenía su propia empresa, competidor de Jorge Díaz Serrano, y se convirtió en la mejor anfitriona de la sociedad política de esos años.  Cuatita de López Mateos, obviamente.  Una cubana destacada a la que Raúl Castro, que adelantó el viaje para, precisamente, hacer contactos en nuestro país, buscó de inmediato, apenas llegar.  Y a quien convenció, como a Fofo.  Ellos estaban enganchados con la causa de Fidel antes que llegase a nuestro país. Se convirtieron en patronos y patrocinadores de la revolución.

A su casa llegaron todos, también las hermanas, y el hijo “Fidelito”, que fue como mi hijo Bruno, ahijado de Orquídea.  A ella, en esa casa del Pedregal, de la calle Risco, le dejaron al hijo primogénito para que lo cuidase. Mientras su madre se casaba con un empresario español.  Hoy Fidel Castro Díaz-Balart es un ingeniero graduado en Rusia, reconocido como científico especializado en energía atómica.

Ella me contó, a pregunta expresa, que conoció a Gutiérrez Barrios porque le daba pena, así era, que estuviese afuera de su casa, y lo invitaba a tomar café a la cocina… total de cualquier forma nos estás vigilando…  Se hicieron amigos en esas largas charlas.

Fue Orquídea quien pagó el abogado, para que sacaran de la cárcel mexicana a los revolucionarios que encabezaba Fidel. Justo a donde los metió, para “interrogarlos” con sus métodos “científicos”, don Fernando.

Fue a Orquídea a quien le avisó qué debía hacerse, jugándose las contras, Gutiérrez Barrios para que pudiesen quedar en libertad.  Los señores Gutiérrez llevaron a un abogado que cobraba mucho dinero: Rafael Lebrija.  Ahí, en esa cárcel, Fidel, también Orquídea, conocieron al Che Guevara.

Una de sus hermanas se casó con uno de los cercanos a Fidel, su hermano fue  Onelio Pino, uno de los pilotos del Granma… Ella fue quien consiguió mucho del dinero que necesitaban para iniciar la Revolución Cubana.  Hay versiones que dicen que Carlos Hank González les prestó un “rancho” para entrenar a los guerrilleros, de ser así Orquídea estuvo presente.

Ella, con Fofo, disfrazada con una peluca, acompañada de una pareja de detractores cuya traición ya conocían y a quienes Fidel les ordenó que “los secuestrasen”, fue quien llevó, en su coche, a Fidel a Tuxpan.  Advertida de la urgencia de partir por Gutiérrez Barrios, que por su parte habría de mandar policías a detenerlos… al día siguiente.

Ella y su marido fueron los padrinos de la boda de Emma Castro en México.  Fueron quienes llegaron a cobijar a 17 simpatizantes de la Revolución en su casa por muchas semanas, con los tres alimentos incluidos.

Una de las relaciones más singulares fue la que se dio entre Gutiérrez Barrios, entonces de 28 o 29 años, recién egresado de la milicia, impecable, correcto, elegante y la sofisticada cantante, señora rica del pedregal, cubana que se acercaba a los cuarenta, bella, culta pero revolucionaria inflamada, de salón de belleza, enloquecida por cambiar a Cuba, rodeada de barbudos, de delincuentes, de guerrilleros que querían tirar a un gobierno establecido.  Pagando armas, escondiendo armas, tal vez disparando armas.

Mientras Fidel luchaba en las montañas de Cuba, Orquídea seguía buscando fondos para la revolución.  En México y en Miami.  Por consejo de don Fernando convirtió su casa en “set cinematográfico” de varias películas para, con total “transparencia”, establecer que no ocultaba nada ilegal ahí.  Todo esto para protegerse.

Cuando Fidel llegó a la Habana… alguno le preguntó por Orquídea y Fofo… según una versión fue Jacobo Zabludovsky al entrevistarlo. Era muy amigo de la pareja, incluso había pasado la noche de Año Nuevo, cuando cayó Batista, celebrando con ellos. Entonces Fidel se acordó, comenzó a pedir por ellos…  Ellos ya le habían dicho a Emma que no irían a festejar el triunfo si no los llamaba personalmente.  Les llamó, les pidió que fuesen a Cuba de inmediato.

Ellos llegaron al Hotel Habana Libre, antes Hilton, el 10 de enero de 1959.

Por unos meses Fidel siguió escuchando a Orquídea.  Incluso fue ella quien lo convenció de que asistiese a la boda de su hermana Emma, ella fue madrina.  Una boda que hubo que cambiar de Iglesia para acomodarse a la moda “revolucionaria”. Fidel se negó a entregarla… honor que correspondió al ingeniero Gutiérrez.

Nombraron a Fofo Director del Instituto del Petróleo, o sea de lo que no existía en Cuba, los instalaron en una mansión… y en menos de dos años  terminaron peleándose con Fidel y con la Revolución, sobre todo con el Che que nunca gozó de las simpatías de Orquídea.  En ese lapso adoptaron dos niños. La mayor, María Orquídea es ahijada de Fidel.  Regresaron a México, a sus negocios.

Fofo se enfermó años después y murió de cáncer.  Orquídea, que ya vivía en una casa pequeña en Bosques de las Lomas, sin alberca ni sótanos para esconder armas, se cambió a un departamento en Campos Elíseos, con vista al Paseo de la Reforma, donde comíamos picadillo con frecuencia y, siempre nos reíamos. El hijo mayor se mató en un accidente de carretera cerca de Acapulco… Emma siguió siendo una referencia, una amiga, un puente con un mundo caribeño muy lejano.

Después que murió Alfonso chico, aceptó regresar a Cuba… Nunca me quiso decir si se reunió con su amigo, compadre, Fidel.  Se quejó, sí, de que en el Museo de la Revolución habían borrado el nombre de su hermano que iba, piloteando, en el Granma.  Al finalizar la campaña de Miguel de la Madrid fuimos a Cozumel.  Don Naszan Joaquín quedó fascinado…nos poníamos el traje de baño sin “ducharnos”, como aprendió a hacer en Cuba, una noche Juan Sabines a punto de finalizar su gobierno, nos trajo serenata… Orquídea tendría entonces la edad que tengo hoy.  Obvio decir que la quise mucho.  Hace veinticinco años, yo recién había cumplido cuarenta, murió en su cama, también de cáncer.  Todavía recuerdo que la familia decidió no velar su cuerpo durante la noche, no me dejaron acompañarla, no la habían maquillado, ni vestido de gala…

Únicamente en México, en los años sesentas, se podían hacer así las revoluciones.  Con dinero de empresarios, con beneplácito del jefe de la policía política implacable con los guerrilleros locales.

A don Fernando se le reconoció oficialmente, siempre, como un gran benefactor de la Revolución Cubana, en su escritorio había cartas, fotografías, testimonios  desbordados de Fidel.  Orquídea no guardó ni una fotografía de esos tiempos.

Un día, al final de una comida, Gutiérrez Barrios me habló de lo guapa que era, del cuerpazo que tenía cuando era bailarina del Tropicana… me ganó el gesto de extrañeza y nunca más volvió a tocar el tema.

Cosas de la Revolución Cubana que vienen a la mente con la muerte de Fidel Castro, en su cama, de viejo…

 

Isabel Arvide

@isabelarvide

EstadoMayor.mx



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