Cuarteleras

Otra raya al tigre

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En la Sedena no salen de una cuando ya están en otra. A los escándalos de Ayotzinapa y Tlatlaya, se suman con singular velocidad la fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, y sus consecuencias para el general Enrique Velarde Sigüenza (comandante del Octavo Regimiento Mecanizado que opera en Almoloya) y ahora la supuesta agresión tropas del 86 Batallón de Infantería perteneciente a la 43 Zona Militar, ubicada en Apatzingán.

La unidad que aparentemente atacó a comuneros de Santa María Ostula tenía la orden de detener a Semeí Verdía Zepeda, líder de un grupo de autodefensas en el municipio de Aquila. Los comuneros impidieron la detención en medio de una trifulca en la que hubo disparos. Dos menores de edad de 12 y 10 años fallecieron por disparos en el rostro y el abdomen.

Las tropas del 86 Batallón de Infantería responden al mando de zona que encabeza el general Jaime Contreras López.

Este a su vez le rinde cuentas al comandante de la XII Región Militar, general Pedro Gurrola Ramírez.

Por si fuera poco, la Sedena acaba de reconocer lo que varios medios locales y grupos civiles denunciaron desde hace dos semanas: el involucramiento de soldados en la desaparición y asesinato de siete jóvenes, allá en Zacatecas.

En este caso la Procuraduría de Justicia Militar ya inició la averiguación previa correspondiente, mientras que en los hechos de Ostula hay hermetismo y dudas por y versiones encontradas por todas partes; hay quienes aseguran que los agresores fueron los militares, hay quienes sostienen que fue una operación de la Policía Federal.

Total, en todos los casos los derechos humanos y los millones de pesos que Sedena, Marina, Policía Federal y otras corporaciones gastan en cursos y actualización a sus elementos sirven para dos cosas.

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Medias verdades

En la Marina-Armada de México hay molestia y cierto coraje por las filtraciones de los primos de la DEA, del ICE y del US Marshal Service que le platicaron a la revista Proceso algunas historias sobre la verdadera captura del Chapo Guzmán en Mazatlán, Sinaloa.

Fuimos nosotros, no la Marina, aseguraron al semanario los agentes y directivos sin mostrar una sola prueba; fotos, video, grabaciones de audio, imágenes del momento de la captura, etc.

Dicen los norteamericanos que se disfrazaron de marinos mexicanos para sacar adelante la operación porque, al final de cuentas, no confían todavía en la pulcritud, honestidad y capacidades de la inteligencia naval azteca.

En la Marina la visión es otra. Capacidades existen y están demostradas, dicen. El problema sigue siendo la corrupción y la penetración de los cárteles en todos los niveles de gobierno.

Los marinos sostienen que las historias que les platicaron los de la DEA y sus amigos a Proceso tienen el contexto y trasfondo de la incipiente carnicería prelectoral norteamericana, en la que los republicanos y los halcones de Washington están torpedeando todo lo que huela a México.

Esa gente (los de adentro y los de afuera) se la pasa diciendo medias verdades, aseguran en las oficinas del almirante secretario Vidal Francisco Soberón Sanz.

 

Redacción

Estado Mayor MX

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