La música de Huitzilopochtli

Julieta González es una historiadora que sostiene que la música ayudó a construir nuestra identidad nacional, sobre todo aquella que interpretaban las bandas militares que colmaban los rincones de Xalapa con la metralla de las cornetas y el retumbar de centenares de tamborileros. Tanto era el estruendo que se llegó a sugerir que la trompetería debería ser un arma más en la artillería mexicana. Su libro La música en Xalapa durante el siglo XIX nos cuenta cómo en 1877, muchos años antes de caer, Porfirio Díaz ya era motivo de mofa en la obertura Si yo fuera rey. Aunque la pieza más aclamada era la Marcha de Porfirio Díaz, que era el deseo unánime de los hombres de bien y de los buenos patriotas. Y desde la capital veracruzana, los redobles bélicos recorren todo el mundo con una selección de las mejores marchas militares de todos los tiempos. 

Anuncios

En un tris la corneta rompía la calma cuando lanzaba sus inapelables toques de guerra y todos los hombres acataban la Generala. Luego Marcha regular para pasar a la Marcha redoblada. Trote o paso veloz. Retirada o retreta. Cesar el fuego. Destacar guerrillas. Vanguardia. Retaguardia. Flancos. Inclinarse. Empeñarse. Persígase al enemigo. Carga o ataque. Formar en batalla. Formar en columna abierta. Formar en columna cerrada. Formar por compañías. Formar por mitades. Formar el cuadro. Formar la cadena. Pecho a tierra. Levantarse. Al hombro las armas. Descansen sobre las aras. Interrogación. Afirmación. Negación. Enemigos. Infantería. Caballería. Artillería. Infantería y Caballería. Poca fuerza. Mucha fuerza. El enemigo avanza. El enemigo está a pie firme. El enemigo se retira.

Sin importar cargo o arma, los combatientes debían conocerlos y diferenciarlos, detalla, con escrupulosidad, la historiadora  Julieta González en su investigación La música en Xalapa durante el siglo XIX que dentro de pocas semanas aparecerá bajo el sello del Instituto Veracruzano de la Cultura.

González retoma el compendio que hizo el capitán Narciso Sort de Sans en 1825 y donde los toques de cuartel también abarcaban otras instrucciones para la tropa y oficiales: Oración. Misa. Orden. Ranchos. Llamada. Llamada para ejercicios. Llamada de cornetas. Llamada de sargentos. En cuanto a los toques particulares para la caballería, el militar mexicano enlistó: Marcha. Galope. Carga o Degüello. Grupos. A caballo. Dar agua o cebada y limpiar.

Esos Toques de ordenanza con la corneta para el ejército de la República de los Estados Unidos Mexicanos. Compuestos y uniformados de orden del supremo gobierno, —hallados por el investigador estadounidense John Koegel, quien los compartió generosamente con la autora—, son un preludio del papel del clima de guerra y desasosiego político que el país enfrentó durante gran parte del siglo XIX.

Se trata de un elaborado código que lo mismo prevenía que organizaba, preguntaba o mandaba, para desplazar las voces en cuello, ahogadas por el choque de los metales, el crepitar de los cascos de los caballos, el estallido de la pólvora, y daba orden y dirección a un gran número de combatientes en un peculiar concierto de fuego, sangre y valentía, tal y como han sido los acordes de Marte o los zumbidos de Huitzilopochtli, la música del campo de batalla, una sonora canción de guerra.

Pero esos sonoros avisos que podían enardecer los corazones militares, apesadumbraban a otras almas como las de aquellos que, en un texto publicado por El Oriente de Xalapa, el 19 de septiembre de 1826, pedían que las salvas de cañón y las descargas de fusilería de la tropa en las fiestas públicas se sustituyeran en todo el estado de Veracruz por música de verdad.

En su “Fervorosísima plegaria, Acusticus, Timpani-feble, Oregi-blando, Auri-harmónico”, los autores de la rogativa sostenían que, con “el beneficio de un buen oído músico”, las cornetas y los clarines eran un “martirio del oído” que “mortifica en las poblaciones aún a los mismos sordos”. En este tono, rescata González, se sugirió que la “trompetería” podría ser “una cuarta arma” que se añadiría en la guerra a la artillería, infantería y caballería.

La plegaria fue respondida por un militar, quien consideró que el “rasposo chillido” de las cornetas sería más apto para “el uso de las guerrillas y para acompañar a los reverendos padres en el coro”. Aún así mencionó que su uso no dependía de los oficiales o jefes de guarnición, sino del Reglamento para cornetas y del artículo 25, título 5, tratado 6 de la Ordenanza. En efecto, el uso de la corneta para dar los toques de ordenanza al ejército estaba ampliamente sistematizado, los toques eran abundantes y todos los miembros de la milicia debían conocerlos.

Toques militares mexicanos Parte A

La música de la mexicanidad

 

Mientras se construía una identidad patria, en la música también hubo una búsqueda de “lo nacional” con no pocos vaivenes, ya que importaba más la función que la música cumplía, como exaltar el ánimo bélico, “Mexicanos al grito de guerra…”, que el tipo de repertorio, el contenido de las obras y hasta el origen mismo de los compositores, no hay que olvidar que el creador de nuestro himno nacional es un español llamado Jaime Nunó, oriundo de Gerona, Cataluña, y que, durante mucho tiempo, escasearon en el país músicos, doctores y maestros.

La idea de lo nacional, de lo que es “ser mexicano”, al ser variable, se ha reinventando en innumerables ocasiones hasta nuestros días, argumenta la autora. Por eso, durante buena parte del siglo XIX, la prensa incluyó entre sus páginas diversos remitidos de canciones o himnos patrióticos llenos de vehemencia y compuestos tanto por militares como por civiles. Se trata de “música nacionalista”, impulsada por situaciones en las que la soberanía nacional se vio en peligro, ya sea por guerras civiles o por invasiones extranjeras.

Heredera de una tradición de canciones patrióticas que se remonta a la Colonia, Xalapa dio frutos al respecto, como lo denotan piezas tales como la “Canción patriótica en el baile de los militares”, compuesta con motivo de la Jura de la Constitución Federal en 1824, de autor anónimo y conformada por el coro más seis estrofas. El “Himno dedicado por los jalapeños a la Brigada Negrete” de abril de 1858. O el “Himno patriótico”, cantado por las alumnas del Colegio de Xalapa en la celebración del 5 de mayo, de autor anónimo y conformado por el coro más seis estrofas.

Marchas Militares Mexicanas – Marcha Ejército Mexicano

Misas con cañonazos

 

Hasta fines de los años sesenta del siglo XIX, antes de que se desatara la guerra entre liberales y conservadores, las celebraciones cívicas fueron festividades conjuntas entre población, autoridades políticas, militares y eclesiásticas, en donde se reflejó la ambigua relación Iglesia–Estado que no era privativa de Xalapa, sino del país entero.

Se trataba de una mutua dependencia donde los eclesiásticos participaban en las “juras” en la plaza y los militares terminaban sus desfiles en la iglesia parroquial con salvas de artillería en determinados momentos de la misa. Aunque a partir de 1852 el municipio de Xalapa aportó los fondos para ellas, la población continuó participando muy de cerca ya sea como parte de lo que se denominó “Junta Patriótica”, o bien con el adorno e iluminación de sus casas, discursos, poesías y música.

Ya en los decimonónicos años setenta dichas celebraciones se delimitaron más como cívicas y comenzaron a excluir de sus programas la “función religiosa”, mientras que, a su vez, las celebraciones religiosas se enfocaron en su propio calendario.

La Junta Patriótica la integraban personas de distintos sectores de la población por invitación del ayuntamiento local. Durante algunos años la Junta Patriótica organizó únicamente el festejo del día 16, pero en otros años sus tareas se extendieron a los días 11, 15, 16 y 27 de septiembre, así como el 4 de octubre.

También este organismo fue el encargado de recaudar las donaciones entre los distintos gremios y oficinas de la población —zapateros, comerciantes, farmacéuticos, correos—, así como de distribuir lo recaudado y rendir cuentas por escrito a través de su tesorero. Cuando el municipio aportó una cantidad de dinero que se completó con donaciones, o solventó totalmente los gastos de los festejos, el dinero fue distribuido por la Tesorería Municipal.

Uno de los elementos principales de estas celebraciones fue la banda militar del ejército acantonado en la ciudad. Dentro de las disposiciones del Congreso General en 1823, se decretó que “fueran 12 los batallones del ejército, con 825 plazas cada uno, teniendo 9 compañías, 1 coronel, 1 teniente coronel, 3 ayudantes, 1 pagador, 1 cirujano, 1 armero, concediendo 12 individuos para una música militar en cada batallón”. Edward Thornton Tayloe, quien visitó Xalapa en mayo de 1825 como secretario privado del primer embajador estadounidense en México. En esas crónicas de viaje afirma haber escuchado “una banda de cerca de treinta músicos” en la que “las trompetas y los tambores predominaban”.

La denominación “banda militar” hacía referencia, en realidad, a varias bandas, pues cada batallón tenía la propia y en Xalapa se acantonaban a los batallones que la región o el puerto de Veracruz necesitaban de acuerdo a las circunstancias políticas o bélicas del momento.

Aunque la presencia de la banda militar fue constante durante las décadas estudiadas, este ir y venir de batallones ocasionaba que en la ciudad se encontraran, por temporadas, varias bandas. Por ejemplo, en 1824 coincidieron en Xalapa la banda militar del 3er. y 11º Batallón así como la del Provincial de Zacatecas, mientras que en 1826 se ubicó a la de la Compañía de Granaderos del 4º Batallón. En la década de los cuarenta se siguió mencionando a la banda del 3er. Batallón, pero en 1845 se citó a “la música” del Batallón Activo de Puebla; a ello habría que agregar que en 1844 “los cuerpos que formaban el cantón este año fueron: el 2º, 3º, 4º y 11º de infantería, Oaxaca, Celaya, Lagos y Zacatecas, 7º ligero y 8º de caballería con el Escuadrón de Xalapa”. Durante los años cincuenta también se encontraron referencias diversas, como en 1851 a “la escogida banda de músicos que tenía el 7º Batallón que seguía residiendo en Xalapa”, o al año siguiente, durante los festejos del 16 de septiembre, a “las músicas del 3er. Batallón de línea y las de Guardia Nacional”, mientras que en el mismo festejo pero de 1857 participó la banda del Batallón Independencia Guardia Nacional.

Xalapa mantiene, en sus celebraciones cívicas, una continuidad histórica que se remonta hasta los albores de la Independencia. Desde entonces las bandas militares recorren gallardamente el corazón de la capital veracruzana. La imagen forma parte desfile cívico militar del 5 de mayo de 2011.

Xalapa mantiene, en sus celebraciones cívicas, una continuidad histórica que se remonta
hasta los albores de la Independencia. Desde entonces las bandas militares recorren
gallardamente el corazón de la capital veracruzana. La imagen forma parte
desfile cívico militar del 5 de mayo de 2011.

Las serenatas de las bandas de guerra

 

Durante los años veinte y treinta del siglo XIX sí había una distinción clara entre “la banda” y “la música”. De acuerdo al uso de ambos términos, el de “banda” refería a lo que hoy llamamos banda de guerra, formada por cornetas o clarines —uno de los dos— y “cajas” —tambores—, la cual se encargaba de dar los toques militares, siendo el más común en festejos de este tipo la diana. Un ejemplo de esto es la banda que escuchó Tayloe en 1825 con predominio de trompetas y tambores.

El término “música”, en cambio, se refería más al conjunto formado por instrumentos de viento-madera, viento-metal y percusiones, es decir, el conjunto que hoy llamaríamos banda de música. Y este conjunto se encargaba de las serenatas y los recorridos por las principales calles.

De los años cuarenta en adelante las denominaciones fueron menos específicas, como las de “música militar”, “banda de música” o “las músicas”. Aunque generalmente el término banda militar se refirió al conjunto completo —la “música” en los años veinte y treinta—, la única manera de distinguir a qué ensamble se alude, es de acuerdo al contexto que se refiere. Con una u otra denominación, sus actividades consistieron en distintas labores al aire libre, tales como encabezar un desfile, acompañar a autoridades de un lugar a otro, tocar mientras se hacían salvas de artillería —es decir, “solemnizar” el acto—, ofrecer una serenata o recorrer las principales calles tocando.

Lugares públicos como la Plaza de la Constitución —donde hoy está el Mercado Jáuregui—, la Plaza Principal, el Cuartel de San José o el Paseo de los Berros eran los sitios donde la banda militar ofrecía las serenatas. Y en ocasiones se presentó la banda de un solo batallón, pero en otras se unieron o alternaron las de varios batallones. Su duración promedio fue de dos horas por la noche, de las siete a las nueve en los años cercanos a la Independencia y después cada vez más tarde: de las ocho las diez o hasta las once de la noche. Estas serenatas podían ser el festejo en sí mismo o el colofón de una celebración más grande que, a veces, duraba hasta tres días completos. La gente se acomodaba alrededor de la banda a escuchar, mientras las damas de las casas cercanas lo hacían desde sus balcones.

Hacia los años sesenta y setenta la banda militar no se limitó a las actividades al aire libre, sino que comenzó a presentarse también en lugares “cerrados”. Un buen  ejemplo es que las serenatas se extendieron a los salones a manera de preámbulo de los bailes, como en el Casino Jalapeño, cuando “la banda militar del batallón 3º de línea, situado en uno de los corredores bajos, despedía estrepitosas armonías, amenizando y dando tiempo a que la concurrencia se fuera reuniendo, para que comenzara el baile”, como consignó El Negador de Xalapa, el 9 de septiembre de 1877, en un artículo titulado “Baile en el Casino Jalapeño”.

Banda de guerra del Heroico Colegio Militar

Fiesteros

 

En 1834 el Congreso del Estado de Veracruz dictaminó que “por el Decreto número 67 se redujeran las fiestas cívicas del Estado únicamente al 16 de Septiembre”. No obstante, antes y después de este decreto las celebraciones cívicas fueron muchas más que la fecha mencionada.

Durante la República Restaurada, el calendario de fiestas cívicas contemplaba el primero de enero para celebrar el trabajo.

El 5 de febrero como aniversario de la Constitución de 1857.

El 11 de abril sería la fiesta de la Reforma.

Cada 16 de septiembre para celebrar el inicio de la Independencia.

Y el 2 de noviembre como día de la agricultura, como refiere el historiador Daniel Cosío Villegas en el texto “La República Restaurada. La vida social”, incluido  en el tercer volumen de Historia Moderna de México, editado por Hermes.

Si se miran estas fechas en retrospectiva, se podría considerar que tanto el 5 de febrero como el 16 de septiembre se consolidaron como celebraciones constantes hasta nuestros días, mientras que la conmemoración del trabajo se cambió al 1º de mayo, y el 11 de abril y 2 de noviembre resultaron prescindibles.

Los fondos con que se cubrieron los gastos de las celebraciones cívicas entre 1824 y 1851 provinieron tanto del Ayuntamiento como de donaciones que se recabaron entre la población. Durante algunos años se optó también por aplicar un impuesto al aguardiente, ingreso que se destinó para la celebración del 16 de septiembre.

El Gobernador Miguel Palacio decretó en 1852 que “el gasto que ocasionen las festividades nacionales, será satisfecho por los fondos municipales de las poblaciones donde se celebren aquéllas”, lo cual no representó mayores cambios en relación a la estructura y lucimiento de las mismas.

En ocasiones, el cielo es el límite para la imaginación de los participantes de los desfiles cívicos militares de Xalapa. A la rigidez estética del ejército y la marina, los xalapeños se tornan modernos guerreros aztecas de una neobigbangintergaláctica. En efecto, la imagen es de este año, ellos y ellas llegaron desde una lejana galaxia para conmemorar el triunfo de Zaragoza sobre las tropas invasoras francesas.

En ocasiones, el cielo es el límite para la imaginación de los participantes de los desfiles cívicos militares de Xalapa. A la rigidez estética del ejército y la marina, los xalapeños se tornan modernos guerreros aztecas de una neobigbangintergaláctica. En efecto, la imagen es de este año, ellos y ellas llegaron desde una lejana galaxia para conmemorar el triunfo de Zaragoza sobre las tropas invasoras francesas.

Los chescos de la banda

 

La Junta Patriótica destinó generalmente una cantidad económica para los servicios de la banda militar en las celebraciones cívicas, pago que se empleó en “gratificación y refresco”.

Mientras en otras ciudades del país el “refresco” consistía en un “agasajo de bebidas, dulces y chocolates”, en Xalapa —al menos en 1843— incluyó: un platón con aceitunas y otro con “chiles curtidos a los vinagres”, queso añejo, botellas de vino jerez y catalán, pan francés y bizcochos de masa fina.

De esta manera, dicha asistencia variaba de acuerdo a las circunstancias y al presupuesto disponible. En las primeras décadas de vida independiente con frecuencia fue un monto muy pequeño en proporción a los demás gastos, pero a partir de los años cincuenta aumentó considerablemente e inclusive se pagaron los servicios de la banda por separado dentro de una misma celebración —por ejemplo, por la serenata y por tocar en el baile—.

La gratificación se concibió en un principio como una concesión o situación extra que podía darse o no, independientemente del refresco que se les ofreciera, pero después fue un gasto fijo que se daba por sentado y que se incluía en la planeación de egresos.

El 16 de septiembre de 1843, como se consigna en el Archivo Histórico Municipal de Xalapa, se gastaron $100 pesos en fuegos artificiales, $60 en la función de iglesia y $35 en un globo aerostático, pero nada más se destinaron $7.72 para la banda. En contraste, durante 1859 se pagaron en total $65 pesos a la banda por la serenata y baile de los días 16 y 27 de septiembre, $59 por la función de iglesia y alrededor de $100 en el baile.

Durante 1843 participaron dos bandas en los festejos del 16 de septiembre: la del 3er. Regimiento bajo el mando de Andrés Escamilla, la cual amenizó el festejo en los corredores de las Casas Consistoriales y otra que estuvo a cargo de José María Ochoa. Para ello, la Junta Patriótica destinó una pequeña cantidad para “obsequiar” con un refresco a las bandas, pero el dinero se entregó nada más a José María Ochoa.

Al día siguiente, Andrés Escamilla del 3er. Regimiento reclamó su gratificación con el argumento de que el año anterior se había gratificado su servicio. Días después, el solicitante recibió una gratificación de diez pesos para su banda por los servicios en la celebración del día 16. Independientemente de la cantidad que se le entregó, situaciones como ésta ejemplifican el lugar que las bandas militares fueron ganando paulatinamente en la sociedad conforme transcurrió el siglo XIX.

Familias enteras y xalapeños de todas las edades participan o presencian los desfiles del 5 de mayo, tal y como se aprecia en esta imagen de este año con la catedral como telón de fondo.

Familias enteras y xalapeños de todas las edades participan o presencian los desfiles del 5 de mayo, tal y como se aprecia en esta imagen de este año con la catedral como telón de fondo.

Si Don Porfirio fuera rey…

 

Aunque no se tienen datos específicos sobre las obras interpretadas por las bandas militares, a excepción de “la nunca olvidada y eterna Marcha de Bravo”, se tiene el registro del repertorio que se tocó en la serenata de la noche del 15 de septiembre de 1877 y que publicó cinco días después El Negador de Xalapa. Aunque en sentido figurado, el diario de manera osada criticaba al déspota oaxaqueño:

 

 

Serenata la noche del 15

 

Según El Federalista, los títulos de las piezas que tocaron las bandas militares la noche del aniversario del general de generales, son otras tantas alegorías simbólicas:

Marcha Nacional, una ironía, porque la Nación no marcha sino a su desprestigio y a su ruina.

Obertura, Si yo fuera rey, lo que quiere decir que si D. Porfirio fuera rey no obraría de modo distinto que lo hace siendo dictador.

Marcha del Profeta, en decir de D. Juan Méndez que le ha profetizado que pronto se marchará con la música a otra parte.

Lucia, Bouquet, alusión al bouquet de flores inodoras e incoloras que forman el actual gabinete.

Los Sonidos del Main, celada pérfida para que luzca D. Porfirio sus conocimientos geográficos preguntando qué clase de bicho es ese Main.

Marcha de Porfirio Díaz, deseo unánime de los hombres de bien y de los buenos patriotas.

Obertura de Nabucodonosor, trasformación en cuadrúpedos de los bípedos del ministerio.

“La crítica al gobierno de Porfirio Díaz mediante títulos de obras para banda militar, denota la existencia de un entorno musical del dominio público que permitía a los lectores comprender inmediatamente las alegorías o metáforas utilizadas”, considera González. “Indica que tanto la banda como un conjunto de obras para ella formaban parte de su ámbito cultural, de su saber cotidiano. Por su parte, el vínculo en el texto entre política y música nos remite al uso mismo de la banda militar en las fiestas nacionales, que se orientó más bien a satisfacer la necesidad política de solemnizar ciertos hechos”.

La voz de Porfirio Díaz felicitando a Thomas Alva Edison

Jalapa girls

 

Teniendo en cuenta este contexto, conviene dimensionar el vínculo entre las celebraciones cívicas y las circunstancias políticas que vivió el país en diferentes momentos. Durante la ocupación norteamericana que inició en 1846 —el Congreso de Estados Unidos había declarado formalmente la guerra a México desde el 13 de mayo—, las tropas ya habían ocupado el territorio de Tamaulipas y Nuevo León, y el puerto de Veracruz se encontraba bloqueado por la armada americana. No obstante, en Xalapa se festejaron solemnemente el 16 de septiembre y el 4 de octubre con repique de campanas, salvas de artillería, misa de gracias, paseo cívico acompañado de la banda militar, oración cívica, iluminación nocturna, serenata y fuegos artificiales. Pareciera que la fiesta le ganaba a la sensatez y los gringos jamás avanzarían ni acabarían con la alegría.

Y fue precisamente en esa invasión cuando se realizaron obras musicales relacionadas con Xalapa por parte de los mismos militares norteamericanos que participaron en la confrontación.

Una de ellas fue el vals Jalapa de J. A. G’Schwend, que tocaba la 2ª Banda de Artillería de los Estados Unidos de Norteamérica,  y que fue publicado en 1851 por F. D. Benteen en Baltimore. Otra obra fue una canción para voces masculinas y piano llamada Jalapa Girls, cuya letra alude a la belleza de las xalapeñas y a la tristeza por la inminente partida. Dicha obra fue publicada en 1849 por W. C. Peters en Louisville, Kentucky. Ambas partituras fueron halladas por Koegel, quien además de ser un reputado historiador es el editor del Journal of the Society for American Music y autor del libro Mexican Musical Theater in Los Angeles, 1910-1940. Las partituras están bajo el resguardo de la Biblioteca del Congreso y en las dos se puede hallar la nostalgia del invasor que termina siendo conquistado por el fulgor que hay en todos los ojos de las mexicanas.

En un momento de la pieza Jalapa Girls se dice que los ojos de las jalapeñas son brillantes, tan luminosos como el día que comienza y que sus dientes resplandecen tanto como las nieves del norte. Las partituras originales forman parte del acervo Music for the Nation: American Sheet Music, American Memory Projec

En un momento de la pieza Jalapa Girls se dice que los ojos de las jalapeñas son brillantes, tan luminosos como el día que comienza y que sus dientes resplandecen tanto como las nieves del norte. Las partituras originales forman parte del acervo Music for the Nation: American Sheet Music, American Memory Project

Arturo Mendoza Mociño

Estado Mayor

 

 

 

Anuncios

  1 para “La música de Huitzilopochtli

  1. Avatar
    CODIGO
    01 de junio del 2013 en 19:39

    SR. SECRETARIO DE LA SEDENA SALVADOR CIENFUEGOS ZEPEDA QUE IMPORTANTE E INTERESANTE SE VUELTO ESTE ESPECIO DE DIFUCIONPARA TODOS LO HECHOS YA SEAN HISTORICOS Y ACTUALES QUE SIGAN LOS EXISTOS Y LAS APORTACIONES A LA SOCIEDAD CIVL. EL CONOCER QUE NO TODOS SON MALOS ELEMENTOS DENTRO DE LA SEDENA

Responder a CODIGO Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *