Las armas nacionales…

México, 5 de mayo (Crónica).- Ciento sesenta millones de pesos para una fiesta patriótica no son nada, se los digo yo. Y eso sin contar el caballito del cual le daré datos más adelante.

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¿Quién  va estar de cuentachiles cuando se trata de conmemorar toda bandera, con el corazón henchido de orgullo nacional aquella gesta heroica cuyo contenido no tiene caso ahora evaluar de nuevo?,  especialmente cuando se hace de Don Ignacio Zaragoza el primer promotor de una candidatura; la de Don  Rafael Moreno Valle, joven valor del Partido Acción Nacional,  para quien el año 2018  ya se halla cerca, muy cerca al menos de sus incansables ambiciones.

Por eso el gobierno del estado de Puebla hasta le ha regalado a la ciudad de Nueva Jersey esta preciosidad: una estatua ecuestre de Don Ignacio con  el sable en alto, con lo cual ya hasta el bronce emigra a los Estados Unidos, pues como se sabe en la geopolítica del monroísmo, la batalla poblana ha sido utilizada por los yanquis como linimento para sobarle el ego a los migrantes mexicanos cuyo volumen ya convierte algunas ciudades como “La Gran Manzana” en Puebla York.

En vez de ofrecer aquí condiciones laborales dignas, el gobierno de Puebla se deja llevar por el entusiasmo neoyorquino. El gobernador Rafael Moreno Valle develó, en el Parque Pulaski, en compañía del alcalde de Passaic, Nueva Jersey, Alex D. Blanco, una estatua del General Ignacio Zaragoza, situada dentro de la Plaza 5 de Mayo.

En este sentido cabe hacer algunas menciones: la derrota militar de Francia en la Batalla de Puebla no impidió la entronización de Maximiliano de Habsburgo en el trono del ilusorio y efímero II Imperio Mexicano, pero sí le dio a México una noción de Nación, sobre todo tras la derrota contra los Estados Unidos en la Guerra de Texas, de cuyos efectos este país aún no se repone.

La historiadora Rocío Casanueva de Diego, explica así la Doctrina Monroe  y su aplicación en el siglo XIX:

“La primera aplicación clara y directa de la Doctrina Monroe la encontramos en la anexión de Texas a los Estados Unidos.

“Polk fue el primer presidente que apeló a los principios de Monroe, dándoles tal nombre.

“Efectivamente, justificó los hechos utilizando como argumento el peligro que significaba para los Estados Unidos el que el estado independiente de Texas se aliara o se convirtiera en la dependencia de una nación extranjera más poderosa, convirtiéndose así en una amenaza para la seguridad norteamericana.

“Sin embargo, el mismo presidente Polk adopta una actitud muy diferente en relación con los acontecimientos en la desembocadura del Río de la Plata, en donde Francia y Gran Bretaña establecieron un plan conjunto de intervención armada. Polk distingue entre una iniciativa europea, cuyo objetivo fuese una expansión territorial, y la que atentara a la soberanía de un Estado americano.

“En el primer caso, los Estados Unidos harían todo lo posible para impedirlo; en el segundo, no permanecerían indiferentes. Con esta distinción, el presidente norteamericano limitaba, implícitamente, el campo de aplicación de la Doctrina Monroe a las regiones en que la Unión poseía intereses vitales (Renouvin 1998).

“Esto explica por qué, a lo largo del siglo XIX, hubo muchas contravenciones de la Doctrina Monroe que suscitaron poca o ninguna reacción estadunidense, pese incluso a que los países afectados solicitaron su intervención invocando esta doctrina.

“Como ejemplos podemos mencionar cuando Gran Bretaña extendió sus posesiones en Belice e islas de la Bahía (1830, 1840-41, 1852); cuando ocupó las islas Malvinas (1833); cuando consolidó su protectorado en Mosquitia, el río San Juan y la isla del Tigre en Nicaragua (1835-1849); cuando intervino junto con Francia en la región del Río de la Plata (1838-1850), buscando imponer la libertad de navegación y comercio contra la oposición del dictador argentino Juan Manuel Rosas y cuando Francia ocupó Veracruz (1838) (Boesner 1982).

“La Guerra de Secesión ofreció a Europa la posibilidad de volver a desempeñar un papel activo en el continente americano. La aplicación de la Doctrina Monroe se hallaba en suspenso, e incluso la existencia de los Estados Unidos como tal estaba amenazada.

“Pruebas de ello son, por una parte la intervención francesa en México y la imposición de Maximiliano como emperador para favorecer el establecimiento de una zona de influencia, (tan anhelada por Napoleón III) en dicho territorio (Renouvin 1998).Y por otra, la ocupación española en tierra dominicana en el año de 1861. Para entonces los Estados Unidos ya se encontraban en plena crisis secesionista y estaban en mala postura para invocar la Doctrina Monroe (Boesner 1982)”.

Sin  embargo el espíritu monroísta no ha terminado ni terminó cuando Benito Juárez fusiló a Maximiliano en el Cerro de las Campanas, fecha cuya celebración debería ser la de magnas celebraciones mexicanas, y no el cinco de mayo cuyo mérito fue más simbólico y menos definitivo.

No obstante ello el presidente Calderón, durante los dos días de su recorrido por Puebla, en medio de cohetes y chinampinas, desfiles militares e inauguración de magnas obras públicas ha dicho una frase de amplio contenido emocional  sobre todo para el gobernador Moreno Valle cuya capacidad de dispendio no guarda relación con la celebración patriótica sino con  la idea fija de lanzarse desde esta plataforma en el Saturno V cuyo destino final es la candidatura presidencial trabajada desde esta temprana hora en seguimiento del ejemplo de la estrategia de Enrique Peña Nieto hace seis años.

“La mejor manera de celebrar una victoria –dijo— es con  otra victoria”.

Rafael Cardona

Crónica

 

 


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