Una realidad cotidiana

México, 16 de octubre (Redacción).- Son la dos de la tarde y el ulular de las sirenas policiacas rompe la tranquilidad de un día como cualquier otro, al norte de la ciudad de Saltillo. La activación del Código Rojo, posterior al reporte de hombres armados a bordo de varias camionetas, inicia una fuerte movilización de autoridades de los tres niveles de gobierno. La gente, que en esos momentos se dirigía a bordo de sus automóviles o del transporte publico a sus labores, comienza a experimentar el temor a lo desconocido, ignorante de que en breves minutos habrá de desatarse en esta otrora tranquila ciudad, la balacera más intensa de la que se tenga registro, cuyo resultado final será de nueve muertos -ocho de ellos miembros de de los Zetas-, y el chofer de un camión de volteo, quien circulaba por el lugar.

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Situaciones como esta ocasionan un miedo generalizado en Saltillo, y en prácticamente toda Coahuila, a encontrarse en medio de una situación de riesgo como tantas ocurridas durante los últimos meses, las cuales no han disminuido a pesar de la gran cantidad de elementos policiacos en las calles de todas las ciudades grandes de nuestra entidad.

La confianza se ha convertido en un bien sumamente difícil de conseguir a lo largo y ancho del Estado. Las personas ya no confían en nadie y mucho menos en sus policías, ya sean municipales, estatales, federales o inclusive elementos del Ejército o de la Marina. Lo primero en la mente de los ciudadanos es que la presencia de las fuerzas del orden indica, en un futuro cercano, una situación de riesgo.

Aunque lo anterior no suceda, el rostro encapuchado de los oficiales de los distintos agrupamientos solo se dirige a los ciudadanos para decir: “aléjese”, “muévase rápido”, “retírese de aquí” o para inquirir con mirada severa: “¿qué quiere?, o ¿le importa lo que esta pasando?” .

Es entonces cuando las malas experiencias, propias, ajenas o inventadas, se confabulan para que el miedo en la ciudadanía aflore de inmediato.

A lo anterior debe agregarse lo publicado en los últimos meses meses en diferentes medios de comunicación: el saber que algunos mandos superiores de las mencionadas corporaciones han sido acusados de dar protección a los grupos delictivos y de participar activamente en las acciones de los mismos, provoca en los coahuilenses una pésima opinón de ellos.

Mención especial se merecen los policías municipales, el eslabón mas débil de las corporaciones policiacas y  por mucho, los de menos confianza entre la población. A pesar de que en algunos municipios se han hecho esfuerzos importantes por depurarlas…dejando casi sin policías a las corporaciones.

La consecuencia inmediata de lo antes expuesto: los coahuilenses han aprendido a vivir entre “códigos rojos”, cada vez más frecuentes, cada vez en lugares más poblados.

Hoy en día los coahuilenses saben que deben cuidarse de lo que ocurre por estos lares, ya que el simple hecho de salir a surtir su despensa, los puede poner en peligro de muerte.

Pero, escrito ahora como coahuilense, tenemos que continuar con nuestras vidas, enfrentando cada quien a nuestro modo los posibles riesgos de un enfrentamiento, pero especialmente cuidando de atender las instrucciones de las autoridades, para nuestra protección y la de nuestras familias.

Reporte Coahuila

Estado Mayor

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