México, 23 de marzo.- Fusiles de asalto, lanzacohetes, granadas, equipo de visión nocturna, rifles de francotirador, minas antipersona y armas antiaéreas fabricadas en Bulgaria con destino supuestamente al ejército de Tanzania en África Oriental pero dirigidas al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), eran parte de una red internacional operada por un mercenario búlgaro desmantelada por la División de Operaciones Especiales de la DEA. La operación, cuyo juicio comenzó el viernes 20 de marzo en Virginia, exhibe otra de las formas como llegarían las armas al crimen organizado en México desde lugares como África.

Peter Dimitrov Mirchev entregó a los enviados del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), un folleto con la información técnica de uno de los carros de combate más letales fabricados en la extinta Unión Soviética. Se trataba del tanque T-72M1, un modelo caracterizado por un sistema de control de fuego con pods laterales estratégicamente colocados para desviar misiles e interferencia de señales láser, y un blindaje con mejoras en aspectos de electrónica por sus computadoras balísticas fabricadas en Rusia. Este ciudadano búlgaro identificado como uno de los traficantes de armamento con contactos en las redes gubernamentales de su país y con mercaderes rusos, dejó en manos de los mexicanos documentos técnicos de armas como misiles tierra-aire y el sistema de armas antiaéreas ZU-23.
Los datos del tanque T-72M1 y de otros equipos bélicos de venta exclusiva para ejércitos de naciones en Asia y África y que Mirchev presuntamente enviaría al CJNG, se encuentran en la acusación judicial en la Corte de Distrito Este de Virginia, que el pasado viernes 20 de marzo el Departamento de Justicia estadounidense actualizó al dar a conocer su extradición de España donde fue detenido en abril del 2025.
En virtud de que el tipo de armamento es solo para venta a gobiernos y sus fuerzas armadas, una de los datos más relevantes que la investigación encontró fue que esta red operaba con documentos legales utilizando sellos y firmas del gobierno de Tanzania. El entramado de Mirchev consiguió un certificado de usuario final a nombre de la Fuerza de Defensa Popular de Tanzania, como se denomina el ejército de aquel país africano, como supuesto comprador respaldado por un documento de verificación apócrifo firmado a nombre de un alto funcionario del ministerio de Defensa. Al conseguir un comprador creíble, el traficante búlgaro pudo justificar como legítimo el acuerdo con los proveedores y reguladores.
De acuerdo con la acusación dada a conocer por la Corte de Virginia, Mirchev pactó en el año 2024 una venta para el CJNG por alrededor de 58 millones de dólares, lo que hubiera implicado de concretarse una ventaja en arsenal para la organización criminal frente a los cuerpos de seguridad locales, las organizaciones rivales y elevaría el reto a las fuerzas armadas mexicanas. En julio de aquel año el traficante búlgaro y sus socios hicieron un envío de prueba que incluía 50 fusiles AK-47 y 140 mil cartuchos de munición. El movimiento estaba siendo monitoreado por la División de Operaciones Especiales de la DEA, que obtuvo la información del rastreo de la transferencia bancaria vinculada al envío, uno de los cuales importaba casi 38 millones de dólares, enviados desde una cuenta en Estados Unidos a un fabricante de armas búlgaro con enlaces a Mirchev. Las armas fueron aseguradas y Mirchev fue arrestado el 8 de abril en Madrid por la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil a pedido de la DEA.
CONEXIÓN AFRICANA
El viernes 20 de marzo Peter Dimitrov Mirchev, de 60 años de edad, tuvo su primera comparecencia en la corte federal de Virginia, donde enfrenta cargos de conspiración para distribuir cocaína y para poseer armas de fuego entre las que están ametralladoras, “dispositivos destructivos” como minas antipersona y drones, destinados para respaldar las operaciones de tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
Parte de la acusación señala que en varias reuniones con personas que se identificaron como representantes del CJNG, Mirchev acordó organizar, coordinar y participar en el envío de armas mientras “evitaba la detección por parte de las fuerzas del orden internacionales y estadounidenses”. Mirchev reclutó al keniano Elisha Odhiambo Asumo, un empresario de aquel país, quien con sus contactos en Tanzania obtuvo mediante corruptelas en el gobierno un Certificado de Usuario Final para que reclamara de manera apócrifa un usuario final diferente como destinatario de las armas. El contacto en Tanzania era Subiro Osmund Mwapinga asociado con un ciudadano de origen ugandés identificado como Michel Katungi Mpweire. “Asumo y Mwapinga supuestamente obtuvieron un Certificado de Usuario Final de la República Unida de Tanzania, que autorizaba la importación de AK-47. Como envío de prueba, Mirchev y otros exportaron 50 rifles de asalto automáticos AK-47, cargadores y municiones desde Bulgaria, utilizando el documento proporcionado por Asumo y Mwapinga, con la intención de que las armas fueran realmente recibidas por el CJNG”, dice el documento.
Asumo fue detenido por las autoridades marroquíes en Casablanca el 8 de abril de 2025 y extraditado a Estados Unidos el pasado 11 de marzo. Mwapinga fue arrestado en Accra por las autoridades de Ghana también el 8 de abril, y extraditado a Estados Unidos el 25 de julio.
La acusación contra los africanos es por conspiración para suministrar ilegalmente armas de grado militar a los carteles de la droga mexicanos en este caso el CJNG, el armamento incluye fusiles de asalto, lanzacohetes, granadas, equipo de visión nocturna, rifles de francotirador Dragunov, minas antipersona y armas antiaéreas. El CJNG fue designado como organización terrorista global en febrero del 2025, lo que implica prohibición total de venta de armamento que tenga destino final a este tipo de organizaciones criminales trasnacionales.
Quien continúa prófugo es el ugandés Michael Katungi Mpeirwe, quien se desempeñó como asesor político en el gobierno de Uganda y con anterioridad fue jefe adjunto de la misión oficial de logística y seguridad de la Comisión del Unión Africana. Su experiencia y red de contactos en gobiernos le habrían permitido facilitar los acuerdos de tráfico de armas y obtener vía sobornos los documentos oficiales conocidos como Certificados de Usuario Final y protocolos de verificación de entrega, de acuerdo con Informer East África, periódico de la diáspora del oriente de África con sede en el Reino Unido.
“Los acusados supuestamente continuaron conspirando para suministrar a los cárteles de la droga aún más armamento, potencialmente incluía misiles tierra-aire, drones antiaéreos y el sistema de armas antiaéreas ZU-23. Mirchev supuestamente creó una lista de armas para el CJNG por un total aproximado de 53.7 millones de euros (aproximadamente 58 millones de dólares). Asumo y Mwapinga supuestamente acordaron proporcionar nuevamente documentos de control de armas diseñados para ocultar que estas estaban destinadas al CJNG”, señala un comunicado del Departamento de Justicia estadounidense difundido el viernes 20 de marzo.
MERCENARIO POST GUERRA FRIA
Desde septiembre 2022 la DEA detectó reuniones de Peter Dimitrov Mirchev con integrantes del CJNG, a quienes mostró folletos en los que aparecían fusiles de asalto, lanzacohetes, rifles de francotirador Dragunov, minas antipersona y sistemas antiaéreos. Mirchev llevaba más de 25 años dedicado al tráfico de armas desde Sofía, Bulgaria.
Informes judiciales estadounidenses lo vinculan con Viktor Bout, ciudadano ruso y ex oficial del desaparecido ejército soviético, quien fue detenido en 2008 en Tailandia, y extraditado a Estados Unidos donde fue condenado a 25 años de cárcel acusado de traficar armas desde los años noventa con dictadores y en zonas de conflicto en Medio Oriente, Sudamérica y África. Conocido como “el Mercader de la Muerte”, desde que fue detenido Rusia lo apoyó al estar considerado un activo de las redes internacionales de venta de armas. En diciembre de 2022 ya con la guerra de Ucrania en curso, el Kremlin consiguió que fuera liberado en un intercambio de presos, en su caso por la jugadora estadounidense de baloncesto Brittney Griner, condenada en Rusia por posesión de aceite de marihuana.
Peter Dimitrov Mirchev aparece vinculado a la empresa Kas Engineering Co. LTD, registrada en las islas Seychelles y ligada a Emiratos Árabes Unidos, dentro de la lista de los llamados Panama Papers, de acuerdo con los registros del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.
Una investigación del periodista macedonio Aleksandar Srbinovski, coordinador de campo para Macedonia del Norte de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Trasnacional, señala que Mirchev es un viejo conocido de los mercenarios y traficantes de armas. Pese a que durante décadas su nombre ha aparecido en expedientes e informes de investigación, nunca fue molestado por autoridad alguna de su país en sus actividades.
Srbinovski publicó en octubre pasado un reportaje titulado “Contrabando por firma. Cómo el oscuro comercio de armas y la corrupción de Bulgaria en África Oriental idearon un plan de negocios para vender armas a uno de los cárteles más mortíferos de México”, donde dice:
“Para entender esta anomalía, es importante reconocer la naturaleza única del sector de armas de Bulgaria. Debido a su valor económico y geopolítico, la industria se considera inviolable. Personas como Mirchev pueden moverse a través de este espacio, escondiéndose a plena vista, específicamente debido a sus conexiones con redes vinculadas al estado. No se enfrentan al tipo de escrutinio que sus reputaciones deberían atraer, ya que esto correría el riesgo de exponer las líneas borrosas entre los traficantes privados y las estructuras oficiales. Desde el colapso del comunismo, Bulgaria ha estado implicada repetidamente en controversias en torno a la venta y desviación de armas. En la década de 1990, sus vastas reservas de la era de la Guerra Fría, junto con una industria de defensa mal regulada, se convirtieron en una fuente de conflictos en la antigua Yugoslavia y África. Los rifles Kalashnikov, las granadas propulsadas por cohetes y las municiones dejaron a Sofía bajo contratos dudosos, a menudo enrutados a través de corredores de Oriente Medio, que finalmente aparecieron en Bosnia, Kosovo, Sierra Leona y Angola. Un informe de 2005 sobre la proliferación y el mal uso de armas pequeñas y ligeras señaló que Bulgaria se encontraba entre los proveedores más activos de Europa del Este a los destinos embargados durante este período. En la primera década del 2000, los ciudadanos búlgaros comenzaron a aparecer en las investigaciones sobre el infame traficante de armas ruso Viktor Bout, conocido como el “Mercader de la Muerte”. Las redes de transporte de Bout necesitaban armas, y los proveedores búlgaros supuestamente ayudaron a proporcionarlas. Los documentos judiciales y los relatos de prensa describen cómo los comerciantes búlgaros manejaron las adquisiciones y el almacenamiento, mientras que Bout organizaba los puentes aéreos a las zonas de guerra. Según se informa, Mirchev fue el mentor de Bout en estos esfuerzos, con una relación que se remonta a 1995. La década de 2010 trajo nuevas controversias. A medida que los levantamientos de la Primavera Árabe se desacían en guerra, las exportaciones de armas búlgaras a los Estados Unidos y los estados del Golfo fueron reutilizadas por programas encubiertos para apoyar a los rebeldes sirios. Las entregas oficiales de rifles, ametralladoras y municiones firmadas en Sofía se deslizaron rápidamente hacia los arsenales de las organizaciones extremistas violentas. Un informe sobre el crimen organizado de 2016 documentó la presencia de rifles de fabricación búlgara y ametralladoras pesadas en manos de afiliados del Estado Islámico y al-Qaeda, demostrando cómo se desviaron los flujos legales una vez que entraron en zonas de conflicto. Juntos, estos episodios revelan un patrón de décadas: un país con una profunda capacidad industrial en la producción de armas, una supervisión débil y corredores listos que se ven atraídos repetidamente a algunos de los conflictos más violentos del mundo. El caso Mirchev ilustra cómo el tráfico de armas a gran escala depende de la explotación de un mosaico de vulnerabilidades: la turbia industria de armas de Bulgaria proporcionó las armas, mientras que la corrupción política en Tanzania facilitó el acceso a certificados falsos. Formalmente, Bulgaria enfatiza su cooperación con Washington en tales asuntos. Los funcionarios señalan su colaboración en la investigación de Mirchev y en otras operaciones contra los traficantes como evidencia del compromiso del país con su papel como miembro de la Unión Europea y la OTAN. Pero más allá de estos gestos, no hay un debate real en casa: no hay audiencias, no hay consultas, no hay presión para la rendición de cuentas. Abordar esta situación es muy difícil, dada la apariencia legal. Sin supervisión directa y controles posteriores al envío, los documentos obligatorios se pueden manipular fácilmente. Bulgaria se comprometió con tales procesos cuando ratificó el Tratado sobre el Comercio de Armas en 2013. Sin embargo, también es revelador que fue una dato de los informantes, en lugar de obligaciones legales internacionales, lo que derribó a Mirchev. La invulnerabilidad de Mirchev se deriva del entorno protector de la industria de armas de Bulgaria. El sello tanzano forjado por sí solo no habría sido suficiente; su efectividad radicó en el sistema que le dio a Mirchev legitimidad y la libertad de explotarlo. A menos que se desmantele este escudo político, el ciclo de acuerdos sombríos continuará, y cada certificado fraudulento seguirá siendo una vía potencial para armar el crimen organizado”.
Juan Veledíaz / @velediaz424 / EstadoMayor.mx
